Mystique Ro, el ‘pingüino humano’ que se tira de cabeza a 120 km por hora
Javier Nieto
noviembre 2, 2025

De Nokesville a los circuitos más rápidos del mundo, la estadounidense Mystique Ro ha encontrado en el skeleton una forma de desafiar sus propios límites. En 2025, se colgó dos medallas en el Campeonato del Mundo de Lake Placid —plata individual y oro en la prueba por relevos mixtos junto a Austin Florian—, confirmando su lugar entre las principales figuras de la disciplina. Su historia combina miedo, arte, coraje y un mensaje inspirador sobre la importancia de creer en uno mismo.

A sus 31 años, Ro se describe como una persona tranquila, aunque admite que su relación con la adrenalina es curiosa. “Me encantaría decir que soy aventurera, pero me dan miedo los parques de atracciones”, reconoce entre risas. “No me subo a la caída libre, pero sí puedo lanzarme por una montaña a 120 kilómetros por hora, de cabeza, sin problema. Soy una contradicción andante, pero una persona muy calmada.” Esa calma desaparece al subirse al trineo, donde se transforma en una competidora feroz. “En el fondo, solo soy un pingüino humano. Vas a más de 120 por hora y estás ahí, tranquilo.”

El teatro, herramienta para transformar el miedo

Antes de dedicarse por completo al skeleton, Ro practicó atletismo en la Queens University of Charlotte, donde compitió en velocidad, vallas y heptatlón. Esa base le otorgó fuerza, coordinación y disciplina, pero su mayor aprendizaje llegó de un lugar inesperado: el teatro. “Tenía pánico a hablar en público, así que mis profesores me animaron a hacer teatro para ganar presencia escénica.” Empezó ayudando en el montaje de escenarios y terminó participando en clases de interpretación y combate escénico.

“Aprendí a mantener la calma, a controlar mi respiración y a proyectar confianza. Son cosas que ahora aplico cada vez que compito, cuando todo parece moverse a gran velocidad.” Esa experiencia la ayudó a transformar el miedo en una herramienta útil, capaz de mantenerla centrada bajo la presión de la alta competición.

Llegada al Skeleton de rebote

Ro creció en una familia numerosa, siendo la segunda de once hermanos, en un entorno de clase media donde aprendió a ser independiente. “Soy una de once; crecí con limitaciones, pero eso me hizo más fuerte. El skeleton siempre ha sido un deporte caro, reservado a gente con recursos, así que tuve que aprovechar cada oportunidad.” Su madre, dice, le enseñó desde pequeña a imaginar, a leer y a soñar: “Ella me enseñó a ser una soñadora, a crear mi propio mundo.”

Su camino hacia el skeleton comenzó casi por casualidad, cuando una compañera de universidad recibió una invitación para un programa de captación de talentos. “Después de mi primera bajada pensé: esto no es para mí.” Sin embargo, decidió volver a intentarlo. “Lo probé otra vez y acabé enganchada. Con cada descenso te relajas un poco más y empieza a ser divertido.” Esa mezcla de miedo y determinación acabó definiendo su carrera deportiva.

Los distintos caminos para ser olímpico

Hoy, con medallas en el Campeonato del Mundo y su mirada puesta en Milán-Cortina 2026, Ro quiere compartir un mensaje que va más allá del hielo. “Es importante que la gente entienda que el camino hacia los Juegos Olímpicos es diferente para cada persona.” Su motivación, explica, nace de demostrar lo posible cuando uno cree en sí mismo y permite que otros lo apoyen. “No dejes que la sociedad o tu entorno dicten lo que puedes hacer. Las limitaciones no definen tu destino.”

También recuerda a quienes allanaron el camino antes que ella. “Mujeres como Elana Meyers Taylor o Vonetta Flowers rompieron barreras en el deporte de invierno y nos abrieron las puertas a muchas otras.” Con serenidad, añade una de las frases que mejor resumen su filosofía: “No dejes que las personas temporales tengan un impacto permanente en tu vida.”

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