Nina Brunner volverá esta semana al Beach Pro Tour en Saquarema junto a Tanja Hüberli, en su primer torneo desde agosto de 2024 y en su estreno competitivo después del nacimiento de su hija Mila. La noticia tiene alcance deportivo, pero también abre una historia mucho más personal: la de una jugadora que regresa a la arena en una etapa distinta de su vida, marcada por la maternidad, por una nueva rutina familiar y por una forma diferente de relacionarse con su carrera.
Brunner dejó el circuito poco después de ganar el bronce olímpico en París 2024 y de imponerse en Hamburgo, y desde entonces ha atravesado una etapa en la que el voleibol dejó de ocupar el centro de todo. “Tengo que admitir que, cuando estaba embarazada y también después, cuando Mila era todavía muy, muy pequeña, no eché demasiado de menos jugar al voleibol”, explicó. El deseo de volver no apareció de inmediato. “Después de unos dos meses y medio pensé que estaría bien volver a intentarlo”, añadió, en una frase que marca el arranque real de este nuevo capítulo y que convive ahora con una meta de fondo como Los Ángeles 2028.
Una pausa en la cima y una vida nueva fuera de la arena
La maternidad llegó, además, en uno de los momentos más altos de su trayectoria. Brunner había alcanzado junto a Hüberli el podio olímpico en París y acababa de ganar en Hamburgo, dos hitos que cerraban una de las mejores etapas de su carrera. Sin embargo, en ese momento no dejó fijado un plan inmediato de regreso. “Después del nacimiento pensé durante un tiempo que no volvería a pensar en el voley playa”, reconoció más tarde en la prensa suiza. Esa pausa, por tanto, no estuvo marcada por la urgencia de competir, sino por la entrada en una vida nueva.
“Es una vida nueva e intensa con Mila”, explicó. Y fue desde esa nueva normalidad desde donde reapareció la idea del regreso. “De repente, después de dos meses, llegaron los pensamientos de que sería bonito poder seguir jugando”. Ese cambio interior terminó abriendo la puerta a una vuelta que entonces todavía no estaba decidida, pero que con el paso de los meses acabaría tomando forma.
El regreso no se entiende sin Damien y Mila
Si ese deseo ha terminado convirtiéndose en una vuelta real al circuito, Brunner lo vincula de forma muy clara al apoyo de su marido, Damien Brunner. El exjugador de hockey hielo asumirá el cuidado de Mila durante viajes, concentraciones y torneos, una implicación que convierte este regreso en algo más que una decisión individual. “Eso solo es posible gracias al apoyo de mi marido Damien”, vino a resumir la jugadora en su entorno cercano al explicar cómo se estaba organizando esta nueva etapa. El hecho de que él haya terminado recientemente su propia carrera deportiva da todavía más sentido a ese reparto de papeles.
Esa reorganización familiar se ve mejor en los detalles cotidianos. Cuando el dúo se entrena en el centro de Berna, Damien y Mila se dejan ver también junto a la pista. En la concentración de Tenerife, la niña estuvo acompañada por los abuelos. Y en los torneos internacionales, el plan pasa por que Damien viaje con ellas. “No podría imaginarme estar mucho tiempo separada de la familia”, admitió Brunner. Al mismo tiempo, no oculta las dudas prácticas que acompañan esa nueva vida. “A la vez, no sabemos cómo reaccionará Mila a los vuelos largos o cómo llevará el jet lag”. Incluso en la rutina de competición han buscado soluciones concretas: para mantener el foco competitivo, Brunner y Hüberli dormirán juntas como en el pasado, mientras Damien y Mila se alojarán en otra habitación.

Volver al cuerpo, volver a Tanja, volver con un horizonte claro
La vuelta tampoco ha sido automática en lo físico. Cuatro meses después del parto, Brunner empezó a entrenar en solitario, mientras Hüberli también avanzaba poco a poco en su regreso tras una lesión de tobillo. “He intentado ser paciente en el camino de vuelta a la deportista de alto nivel”, explicó. Esa paciencia no era un recurso retórico, sino una necesidad real. “Era importante para volver a tener confianza en mi propio cuerpo”. Al mismo tiempo, la suiza dejó claro que las sensaciones fueron pronto positivas: “Tuve rápido una buena sensación; mi cuerpo ha superado bien el embarazo y el parto”. La mayor dificultad, según ella misma, estuvo en “recuperar la tensión y la estabilidad en el aire”.
La otra gran decisión era con quién volver. Y ahí Tanja Hüberli fue la primera opción desde el principio. “Mi primera llamada fue para Tanja, porque en nuestros nueve años juntas hemos vivido, conseguido y construido una cantidad increíble de cosas”, explicó Brunner cuando se anunció la reunión de la pareja. La elección no respondía solo al palmarés compartido, sino a la confianza acumulada durante casi una década. La propia jugadora lo resumió así: “Estoy muy feliz de seguir este camino juntas”. En paralelo, Hüberli también ha descrito con naturalidad la incorporación de Mila a la dinámica del equipo. “Aporta variedad al día a día; Mila forma parte del conjunto”, dijo. Y añadió otra frase que refuerza el tono del perfil: “Nina y Mila están completamente relajadas”.
La misma ambición, pero con otra perspectiva
En este regreso, Brunner vuelve para competir de verdad y con una meta de fondo que ya ha dejado entrever: Los Ángeles 2028. “Y si vuelvo, es entonces con todo y con el objetivo de los Juegos Olímpicos de 2028 en Los Ángeles”, explicó al hablar de esta nueva etapa. Esa ambición, sin embargo, convive ahora con una mirada distinta sobre el deporte y sobre su propia vida. “No creo que esto vaya a reducir mi ambición”, afirmó. “Pero seguro que pone muchas cosas en perspectiva ahora que tengo un foco distinto en la vida”. En esa combinación entre ambición intacta y prioridades transformadas está, probablemente, la imagen más precisa de la Nina Brunner que vuelve esta semana a la arena.
