Milano Cortina 2026 no será solo una edición más de los Juegos Olímpicos de Invierno. Será, por escala y planteamiento, un experimento sin precedentes: el evento olímpico más extenso jamás organizado, desplegado a lo largo de 22.000 kilómetros cuadrados del norte de Italia, desde la Milán metropolitana hasta los valles alpinos que rozan la frontera suiza, pasando por Cortina d’Ampezzo, Livigno, Bormio o Verona. Así lo explican desde Olympics.com con un reportaje amplio a través de las voces de alguno de sus protagonistas.
La enorme dispersión geográfica de Milano Cortina 2026 no responde a un afán de crecimiento, sino a una lógica inversa: reducir el impacto. El proyecto se alinea con las reformas de la Agenda Olímpica, apostando por adaptar los Juegos al territorio y no al revés, reutilizando instalaciones existentes y evitando grandes construcciones innecesarias.
Este enfoque ya se vio en París 2024, donde el deporte se integró en el corazón urbano mediante sedes temporales. En Italia, la idea se traduce de otro modo: las competiciones se diseminan por los valles alpinos, apoyándose en una tradición invernal profundamente arraigada, con sedes acostumbradas a acoger Copas del Mundo y campeonatos internacionales desde hace décadas.
Tradición alpina y experiencia organizativa
Italia suele asociarse al Mediterráneo, al arte y a las ciudades históricas, pero su identidad montañosa es igualmente sólida. “La cultura de montaña y los deportes de invierno forman parte de nuestro ADN”, explica Andrea Varnier, CEO del Comité Organizador, recordando que el país cuenta con una de las mayores extensiones alpinas de Europa.
A esa herencia deportiva se suma la experiencia de Milán como gran anfitriona de eventos globales, desde finales de la UEFA Champions League hasta la Expo 2015, así como el conocimiento acumulado tras Turín 2006. Parte del equipo organizador repite aventura olímpica y más de la mitad de los 120.000 voluntarios inscritos ya ha participado en grandes eventos internacionales.
Volver a los escenarios míticos
Si el modelo es más ligero, el impacto simbólico de las sedes será enorme. Muchas pruebas regresan a lugares considerados auténticos santuarios de sus disciplinas. “Muchos atletas tendrán la oportunidad de ganar el ‘Wimbledon’ de su deporte”, apunta Pierre Ducrey, director de Deportes del COI.
Anterselva, con más de medio siglo de historia en el biatlón, Bormio y su exigente pista Stelvio, o la Olympia delle Tofane, la mítica “Reina de la Velocidad” de Cortina, volverán a ser jueces implacables. Incluso el nuevo Centro de Deslizamiento de Cortina conecta con el pasado, al levantarse sobre el trazado de una antigua pista que marcó la identidad invernal de la localidad.
Competir donde el público entiende el deporte
Para los deportistas, estos escenarios son mucho más que un decorado. “No hay nada como competir en una sede llena de espectadores que conocen tu deporte”, subraya Kaveh Mehrabi, olímpico y director del Departamento de Atletas del COI, una experiencia que él mismo vivió en Pekín 2008.
Esa conexión entre público y disciplina convierte los Juegos en una especie de peregrinación deportiva. Incluso el esquí de montaña, que debutará en el programa olímpico, lo hará en el entorno natural que dio forma a la especialidad, reforzando el vínculo entre deporte, paisaje e identidad.
Milán, laboratorio urbano del hielo
No todos los deportes de invierno tienen raíces profundas en Italia, y ahí entra en juego Milán. Las disciplinas de hielo encontrarán su escenario en una ciudad acostumbrada a reinventarse, combinando tradición industrial, diseño y cultura contemporánea.
El patinaje de velocidad se disputará por primera vez en una instalación temporal dentro de los pabellones de Fiera Milano Rho, transformados en óvalo olímpico. El hockey sobre hielo ocupará un nuevo pabellón llamado a convertirse, tras los Juegos, en uno de los grandes espacios de conciertos y entretenimiento de la ciudad.
Un legado que piensa en el día después
El planteamiento urbano se extiende a la Villa Olímpica, concebida desde el inicio para transformarse en residencias universitarias. El proyecto revitalizará un antiguo patio ferroviario y dará impulso a un barrio que aspira a consolidarse como nuevo polo cultural milanés.
“Milano Cortina 2026 cuenta una historia muy bonita, con deportes que regresan a sus hogares naturales en la montaña y otros que construyen nuevas identidades urbanas”, resume Ducrey, subrayando el equilibrio entre herencia y futuro que define el proyecto.
Un reto logístico con espíritu común
Organizar unos Juegos dispersos entre montañas nevadas y grandes ciudades implica desafíos logísticos evidentes. Cada clúster contará con su propia Villa Olímpica y servicios, agrupando deportes y públicos afines, pero con la obligación de funcionar como parte de un mismo ecosistema.
“Incluso operando en territorios tan amplios, todo estará bajo un mismo espíritu, un mismo techo: el de los Juegos Olímpicos”, afirma Dubi, convencido de que la tecnología, las ceremonias compartidas y la vida cultural en plazas y espacios públicos ayudarán a que Milán, Cortina, Livigno o Predazzo se sientan conectadas durante el evento.
Este modelo abre además nuevas oportunidades de legado. La huella olímpica se extiende a pequeñas localidades alpinas que rara vez aparecen en el foco global, mostrando paisajes como la enrosadira de los Dolomitas, la gastronomía de altura del Tirol del Sur o las termas romanas de Bormio con vistas a picos nevados.




