La NBA y FIBA anunciaron que, a partir de enero, avanzarán en la exploración conjunta de una nueva liga profesional masculina en Europa, iniciando el proceso para implicar a clubes y grupos propietarios interesados en formar parte del proyecto. El formato previsto contempla plazas permanentes y una vía anual de acceso por méritos deportivos para equipos de ligas europeas afiliadas a FIBA, a través de la Basketball Champions League -BCL- o un torneo clasificatorio al final de la temporada, además de la alineación de calendarios con ligas domésticas y selecciones nacionales y un compromiso de inversión en el desarrollo del ecosistema europeo del baloncesto.
El anuncio refuerza una evidencia incuestionable: la NBA es la marca más potente del baloncesto mundial. Su posible alianza con FIBA en Europa puede beneficiar a ambas partes, pero abre un debate que va más allá de la estructura. ¿Está perdiendo entretenimiento la NBA en su propio juego? ¿Se anota más, se lanzan más triples y se juega menos baloncesto colectivo? ¿Se ha impuesto una cultura del uno contra uno? ¿Qué opina el aficionado en general y, en particular, el europeo, más acostumbrado a la Euroliga o a su liga doméstica? Sobre todo esto, Luka Dončić se confesó hace tiempo: “No veo realmente tantos partidos de la NBA; veo más Euroliga que NBA. Pero si es un partido muy bueno de la NBA en la tele, lo veré”, aseguró hace un par de años el jugador de los Lakers, y que sigue siendo un gran fan del Real Madrid.
El estilo NBA actual: más triples, más puntos, otro juego
La transformación del juego en la NBA se refleja de forma clara en los números. En la temporada 2004/05, los equipos intentaban 15,8 triples por partido; en la actualidad, esa cifra supera los 37 intentos por equipo. La tendencia se manifiesta también en marcadores elevados incluso sin prórrogas, como ocurrió esta misma semana en el partido entre Atlanta Hawks y Chicago Bulls, resuelto por 152–150, con un total de 75 triples intentados entre ambos equipos. Es un resultado ajustado y emocionante, ¿pero hasta qué punto resulta competitivo que te anoten 150 puntos?
El caso de los Boston Celtics ilustra el alcance del cambio. En la temporada pasada, el equipo de Boston intentó 3.482 triples a lo largo del curso regular y anotó 1.389, cifras nunca antes vistas. Como contraste, un equipo campeón de los años noventa como los Chicago Bulls de 1996/97 intentó alrededor de 1.000 triples en toda la temporada, menos de un tercio del volumen actual de Boston.

Este giro ha sido analizado con franqueza desde dentro de la liga. Gregg Popovich, uno de los entrenadores más influyentes del baloncesto moderno, lo expresó con contundencia: “Ahora, cuando miras las estadísticas después de un partido, lo primero en lo que te fijas es en los triples… Ni siquiera miras los rebotes o las pérdidas de balón o cómo ha influido la transición en defensa. Ni te importa”. El técnico de San Antonio Spurs añadió: “Lo odio. He odiado los triples durante 20 años. No hay más baloncesto, no hay belleza en él. Es realmente aburrido. Pero es lo que hay y debes trabajar con ello”. En la misma línea, LeBron James habló acerca del estilo de juego hoy en día en la NBA: “Nuestro juego… hay una enorme cantidad de triples que se están lanzando. Así que es una conversación mucho más grande que solo el Partido de las Estrellas”.
Europa: juego colectivo, táctica y cultura de pabellón
Popovich o LeBron hablaron de este tema que sale a la luz de vez en cuando y cada vez más suena más en la NBA. Un modelo de baloncesto y manera de jugar actual que difiere del Europeo, más cercano al estilo de Popovich, o más estratega como el que hacía Phil Jackson con los Bulls o los Lakers, o Pat Riley, también con su estilo más defensivo y rápido, en diferentes equipos NBA. El estilo de un equipo o la manera de jugar, son aspectos, quizá más románticos, que el espectador europeo valora más allá de los resultados.
El contraste con Europa también está en los pabellones. Kevin Durant reaccionó en redes sociales a un Olympiacos – Mónaco de Euroliga calificándolo como “el apocalipsis”, intensidad emocional que rodea a muchos partidos europeos.
Esa diferencia cultural quedó reflejada también en palabras de Nikola Jokić durante las Finales de la NBA disputadas en Miami, cuando fue abucheado por el público local y respondió sin dramatismo: “He jugado en Serbia, así que esto no es nada nuevo para mí”. Una frase que resume la normalidad con la que muchos jugadores europeos conviven con contextos hostiles y una afición intensamente implicada. El ambiente en muchos pabellones europeos podría tener su comparación y arraigo a lo que se puede ver en la ‘March Madness’ o en muchos partidos de liga Universitaria.
Qué debería entender la NBA si quiere triunfar en Europa
Desde los banquillos, el reconocimiento al baloncesto europeo también es explícito. Kenny Atkinson, actual entrenador en la NBA, destacó la influencia de Pedro Martínez en el baloncesto contemporáneo: “Todos los entrenadores de la NBA aprendemos de Pedro. Lo veo y sus equipos son siempre innovadores. Tiene una gran influencia en el baloncesto global”. El técnico estadounidense fue aún más concreto al explicar cómo ese aprendizaje se traslada a la pista: “Hay jugadas que ‘robamos’ de él… veo partidos de Euroliga, partidos de la liga española fuera de temporada, estoy siempre aprendiendo. Sí, he ‘robado’ algunas cosas de sus conceptos, especialmente en ataque”.
En esa misma línea, Sarunas Jasikevičius ha advertido que el baloncesto europeo representa “una de las últimas formas de baloncesto puro que quedan”, en referencia a un juego donde la táctica, el colectivo y la lectura del partido siguen siendo centrales. Por su parte, Sergio Scariolo ha subrayado que el baloncesto europeo es un producto de alto nivel, con una cultura distinta a la estadounidense, y que su fortaleza reside precisamente en preservar esa identidad y diversidad de estilos.
La posible llegada de la NBA a Europa abre una oportunidad evidente, pero también plantea una exigencia de comprensión mutua. Más allá del peso de la marca o del impacto económico, el éxito de cualquier nuevo proyecto dependerá de su capacidad para entender qué baloncesto quiere ver, y sentir, el aficionado europeo. La tradición, el estilo de juego y la identidad de las ligas europeas y la Euroliga, son aspectos en los que la NBA podría fijarse.





