Taiki Morii, el veterano que no parará hasta que los jóvenes le superen o llegue el oro
Javier Nieto
marzo 4, 2026

El veterano esquiador japonés Taiki Morii volverá a competir en los Juegos Paralímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, dos décadas después de ganar su primera medalla en Torino 2006, la última vez que Italia acogió esta cita. A sus 45 años, el veterano sit-skier encara lo que podría ser el último gran capítulo de una carrera que comenzó hace más de veinte años y que ahora busca cerrar donde empezó su historia paralímpica. “Los Milano Cortina 2026 tienen un lugar especial en mi corazón”, explica. “Todo empezó en Italia, y estoy pensando en terminarlo en Italia. Quiero un final feliz”.

Para Morii, el esquí nunca ha sido solo competición. Su relación con el sit-ski —una silla montada sobre un único esquí y manejada con outriggers para girar y equilibrarse— va más allá del material deportivo. “Cuando estoy en mi sit-ski es cuando me siento más libre”, afirma. “Es el momento en el que dejo de sentir mi discapacidad por completo”. Esa sensación es la que ha sostenido una carrera de más de dos décadas en la élite del Para alpine skiing, una disciplina en la que ha conquistado siete medallas paralímpicas. “El material es honesto. Solo hace exactamente lo que le dices que haga. No hará nada distinto de lo que le ordenes”.

Volver a reir gracias al deporte

La historia de Morii cambió por completo antes de cumplir los 17 años, cuando sufrió una lesión medular en un accidente de motocicleta. Durante su recuperación en el hospital, vio por televisión los Juegos Paralímpicos de Invierno de Nagano 1998. Aquellas imágenes transformaron su forma de ver el futuro. “Vi los Paralímpicos de Nagano desde la habitación del hospital y pensé: ‘Esto es para mí’”, recuerda. “En ese momento estaba desesperado. Era justo después de mi lesión y no imaginaba que pudiera volver a reír”.

Lo que más le sorprendió no fueron las carreras, sino las caras de los atletas. “Vi a deportistas con lesiones como la mía sonriendo y riendo. Sonreían tanto que se les veía la parte de atrás de los dientes”, cuenta. Aquella escena encendió una idea que cambiaría su vida. “Pensé que yo también podría volver a reír si empezaba a hacer deporte. Desde la cama del hospital decidí que practicaría sit-ski”.

De la habitación del hospital al “final feliz” en Italia

Cuatro años después de descubrir el deporte, Morii debutó en los Juegos Paralímpicos de Invierno de Salt Lake City 2002. Llegó con confianza, convencido de que podría competir con los mejores, pero aquella experiencia terminó siendo una lección. “No podía distinguir la izquierda de la derecha en mis primeros Paralímpicos”, recuerda con franqueza. “Estaba demasiado confiado. Pensaba que lo haría bien si era uno de los mejores en Japón, pero me encontré con la realidad”.

Ese choque marcó el inicio de su verdadero aprendizaje. Cuatro años más tarde, en Torino 2006, subió por primera vez al podio paralímpico con una medalla de plata en eslalon gigante. Desde entonces ha ganado siete medallas en los Juegos Paralímpicos de Invierno, incluidas dos de bronce en Beijing 2022, a menudo por delante de rivales mucho más jóvenes. Sin embargo, hay algo que aún falta en su colección. “Nunca he ganado un oro paralímpico”, admite. “Mi sueño en el esquí alpino es ganar el oro. Quiero traerme una medalla del color más bonito”.

Una retirada que no es retirada

A pesar de su longevidad deportiva, Morii insiste en que su fórmula no tiene secretos. “Solo necesitas aflojar unos tornillos del cerebro”, bromea. Luego se corrige entre risas: “No, es broma. Es simple: lo básico es lo más importante”. Para él, la clave está en la precisión técnica y en la repetición constante de los fundamentos. “Si tienes la técnica básica, siempre podrás ceñirte a un plan y no habrá sorpresas”.

Cuando habla del futuro, Morii evita la palabra retirada. Lo que imagina es una transición diferente. “Quiero dejar de competir en competiciones de primer nivel como los Paralímpicos o las Copas del Mundo, pero seguir en pruebas de menor nivel porque me encanta correr”, explica. Tampoco se ve como entrenador. “No me interesa convertirme en entrenador. Prefiero que los jóvenes aprendan esquiando conmigo o que sientan algo cuando me vean competir”.

Incluso deja abierta la puerta a seguir en activo más allá de Milano Cortina 2026. “He dicho a la gente que competiré en 2030 si nadie es más rápido que yo”, comenta entre sonrisas. “Seguiré compitiendo mientras mi cuerpo se mueva”. En realidad, su deseo es otro: que los jóvenes lo superen. “Quiero que la nueva generación sea tan rápida que volver a los Paralímpicos ni siquiera se me pase por la cabeza”.

Para Morii, el legado no se mide solo en medallas. También está en la evolución del movimiento paralímpico que ha visto crecer durante su carrera. “Creo que el esquí alpino me hizo quien soy hoy”, afirma. “Empecé en una época en la que todavía se discutía si los Juegos Paralímpicos eran rehabilitación o deporte de élite. Ahora en Japón se ven como alta competición, y me alegra haber sido testigo de ese cambio”.

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