Timur Kemmel, la historia de una expedición en Nepal y el club de judo más alto del mundo
Javier Nieto
abril 8, 2026

La historia que hoy conecta a Timur Kemmel con el Everest Judo Club comenzó en Budapest, en la sede de la International Judo Federation -IJF-, donde su presidente, Marius Vizer, recibió al kazajo, invitado anteriormente en varias pruebas del World Judo Tour. De aquella conversación surgió Nepal, y con Nepal apareció también la idea de viajar al valle del Khumbu, la región que conduce al Everest y que desde hace años forma parte del trabajo de Sabrina Filzmoser en el desarrollo del judo en el Himalaya.

Pocas semanas después, Kemmel y Filzmoser coincidieron en Katmandú. Él preparaba la ascensión al Lobuche East, de 6.119 metros de altitud, mientras la judoca austríaca volvía a poner en marcha su proyecto Forever Everest 2026, definido por la IJF como un recorrido simbólico y físico desde el punto más bajo de Nepal hasta la cumbre del mundo. En ese encuentro, la montaña quedó pronto en un segundo plano y la conversación se desplazó hacia otra realidad asentada desde hace años en Khumbu: la del Everest Judo Club, presentado por la federación internacional como el club de judo más alto del mundo.

Del encuentro en Katmandú al Everest Judo Club

A partir de ahí, el relato dejó de girar solo en torno al viaje de Kemmel y empezó a centrarse en las condiciones en las que entrena una parte de la juventud de la región. La propia IJF explica que lo que había nacido como un proyecto se convirtió con el tiempo en una red de apoyo para niños y adolescentes del entorno. En esa conversación aparecieron preguntas concretas: qué margen había para ampliar la ayuda, cómo era la vida diaria en una zona tan aislada y qué necesitaban los jóvenes judokas para sostener su formación deportiva y educativa en un territorio marcado por la distancia, el clima y la escasez de recursos.

Entre las historias que Filzmoser trasladó a Kemmel estuvo la de Priti, señalada por la IJF como la primera mujer cinturón negro de la región. A través de ese caso, el kazajo conoció mejor el contexto en el que trabaja el Everest Judo Club: condiciones de vida duras, recursos limitados, un dojo modesto y un sistema educativo frágil por el peso de la geografía. En otra de sus piezas sobre Nepal, la IJF ya había contado además que el trabajo impulsado desde Everest Judo había permitido apoyar la formación de Preeti fuera de su comunidad de montaña y abrirle también un camino como entrenadora.

La ayuda de Timur Kemmel en Khumbu

Tras conocer esa realidad, Kemmel decidió intervenir durante su estancia en Khumbu. La IJF informó de que visitó la Sir Edmund Hillary School y entregó material al entorno local del judo: 15 judogi, además de termos, mantas y mochilas. El gesto, contado así por la federación, tiene un peso material evidente en una zona donde el acceso a equipamiento básico no está garantizado y donde el desarrollo del judo depende también de la continuidad de apoyos externos, tanto para el entrenamiento como para la vida cotidiana de los alumnos.

La escena encaja, además, en una estructura más amplia de respaldo internacional al proyecto. En marzo de 2025, la IJF informó de que la Yosh Uchida Legacy Foundation -YULF- pasó a apoyar Everest Judo, un paso que la propia federación definió como importante para garantizar el futuro de sus actividades no solo en Nepal, sino en el conjunto de la región. Una colaboración que busca sostener programas vinculados a educación, atención sanitaria, entrenamiento, equipamiento, entrenadores locales y oportunidades de desarrollo para jóvenes talentos del Himalaya.

Sabrina Filzmoser y el origen del proyecto en el Himalaya

La segunda mitad de esta historia pertenece a Sabrina Filzmoser y a un trabajo que no empezó ahora. En la presentación oficial de Everest Judo, la exjudoca austríaca sitúa el origen de todo en 2005, cuando viajó por primera vez a Nepal para caminar y escalar en la región de Solu Khumbu. Aquel contacto con la vida en las montañas del Himalaya dio paso años después a otro momento clave: los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Allí, tras acabar séptima, entró en contacto con el pequeño equipo de Bhutan durante la ceremonia de clausura, una relación que terminó abriendo una fase de apoyo continuado al judo local, con traslado de material deportivo, impulso a la construcción de un dojo y becas para jóvenes judokas. La propia web del proyecto explica que, a partir de esa base en Bhutan, Everest Judo amplió después su actividad a Nepal, con apoyo a escuelas, orfanatos, menores con discapacidad y niños en situación de necesidad.

Ese recorrido terminó teniendo una derivada institucional concreta en Khumbu. Según la información oficial del proyecto, en 2022 el municipio rural de Khumbu Pasang Lhamu incorporó el judo como educación física en todas las escuelas de la zona, dentro de una iniciativa que Filzmoser vincula directamente con la educación y con el uso del deporte como herramienta de formación. En ese mismo marco, la austríaca sostiene: “Sin el derecho a una educación adecuada, los valores de libertad, justicia e igualdad no tienen sentido. Una buena educación es la forma perfecta de cerrar la brecha entre diferentes culturas y reconciliarlas. La ignorancia es, con mucha diferencia, el mayor peligro y la mayor amenaza para la humanidad”.