Zak Chelli avisó a sus alumnos de que no estaría en clase porque tenía que viajar a Manchester para pelear. Dos semanas antes había aceptado un combate contra el cubano David Morrell, excampeón mundial y uno de los nombres fuertes del semipesado, y el sábado terminó firmando una de las grandes sorpresas del año con un KO técnico en el décimo y último asalto. Para sus estudiantes es ‘Mr Chelli’; para el boxeo británico, desde esa noche, es mucho más que un sustituto de última hora.
La escena resume bien la doble vida del londinense de Fulham. “Les dije a los estudiantes: ‘No voy a estar aquí la semana que viene porque estaré en Manchester para la semana de la pelea’. Les dije que miraran a este tipo, David Morrell, y me contestaron: ‘Señor, será mejor que gane o no vuelva, porque será vergonzoso para usted’”, contó a ‘The Guardian’ después de una victoria que cambió su posición deportiva.
Del aula al ring con dos semanas de aviso
Chelli llegó a la pelea como reemplazo de última hora tras la lesión de Callum Smith, previsto inicialmente como rival de Morrell. La llamada llegó el 27 de abril, después de que su padre y entrenador, Zakaria Chelli Sr., insistiera en redes sociales para que le dieran la oportunidad. “Estoy siempre entrenando con mi padre después del trabajo. Entrenaba cuatro horas porque mi padre siempre me ha dicho que llegará una oportunidad. No sabemos quién, cuándo ni dónde, pero llegará una oportunidad, porque así funciona el boxeo”, explicó.
El británico llevaba tiempo esperando una pelea relevante mientras trabajaba como profesor sustituto, cubría clases en distintos centros y seguía entrenando cada noche. “Para esa pelea por el título inglés apenas gané nada. De hecho, tuve que pagar de mi bolsillo. Después estuve un año entero parado, sin que entrara nada, y seguía entrenando todos los días”, recordó sobre un periodo en el que llegó a preguntarse qué sentido tenía seguir preparándose.
Antes de convertirse en protagonista de una de las noches del año, Chelli ya vivía entre horarios cruzados. Trabaja como profesor sustituto, va de colegio en colegio y cubre las clases que hagan falta. “Enseño desde GCSE hasta A-levels porque yo mismo fui un estudiante bastante académico. Saqué 20 GCSEs, porque quería abarcar todo lo posible, y después fui a la universidad y obtuve un grado en Business Management”, explicó. El aula también le ha enseñado códigos que reconoce en el boxeo. “Mi error cuando empecé como profesor fue que siempre estaba contento. Nunca sonrías cuando eres profesor sustituto, porque los chicos se te suben encima”, dijo. Después trazó un paralelismo directo con el ring: “Antes de subir al ring tienes que ganarles mentalmente, y con los estudiantes pasa lo mismo. Tienes que hacerles saber que vas a estar al mando”.
Nacido casi con los guantes de boxeo puestos
El boxeo forma parte de su historia desde la infancia. Su padre, antiguo boxeador profesional y nacido en Túnez, entrenó a Zak y a su hermano Yahia desde pequeños. “Mi padre nos ha entrenado desde niños. Si miras fotos, me encontrarás con solo una semana de vida y guantes de boxeo”, recordó. Yahia también fue campeón amateur, pero tomó otro camino: eligió la vía académica y completó un doctorado en ingeniería mecánica.
Chelli ha llevado esa mezcla de disciplina deportiva y educación a su trabajo con jóvenes. “También enseño boxeo a niños con problemas de conducta o necesidades educativas especiales. Les da confianza y habilidades de comunicación”, explicó. Para él, esa parte tiene un valor distinto al resultado de una pelea: “Necesitas mucha paciencia, pero la mayoría están alcanzando sus objetivos y disfrutándolo. Para mí es gratificante ver que puedo cambiar vidas para bien”.
La presión de ganar por su mujer y su hija
La victoria ante Morrell no tenía solo una lectura deportiva. Chelli había pasado dos años sin ganar dinero con el boxeo desde su derrota ante Callum Simpson en Barnsley, mientras formaba una familia con su mujer, Eliza, y su hija de 18 meses. “Lo necesitaba, no por mí, sino por mi mujer y mi hija, porque durante dos años desde la pelea en Barnsley no gané ni un penique con el boxeo”, admitió. En otra entrevista fue todavía más directo: “Para mucha gente, esto es entretenimiento. Es solo una pelea. Pero para mí, es mi vida. Es comida en la mesa para mi mujer y mi hija”.
La celebración fue breve. Después del combate, Chelli volvió directamente a Londres porque al día siguiente tenía un vuelo familiar a Túnez con su mujer y su hija, un viaje que había reservado antes de saber que iba a pelear contra Morrell. En el coche, mientras su padre conducía durante horas, vio repetido el KO. “Pensé: ‘Madre mía, doy miedo’”, contó entre la sorpresa y la risa de quien todavía estaba asimilando lo que acababa de hacer.
El triunfo abrió la puerta a peleas mayores, pero Chelli no quiere desprenderse de la vida que le mantuvo en pie mientras el boxeo no le daba ingresos. “Mi mujer trabaja para Chelsea Football Club en el equipo de marketing y ahora que tenemos una hija hemos encontrado la manera. Ella puede trabajar desde casa tres días a la semana, yo puedo ser profesor sustituto tres días y los otros dos enseño boxeo. Y todas las noches entreno”, explicó. Cuando vuelva al colegio Thomas Knyvett, ya no podrá esconder del todo su identidad: “Solo espero que no sea caótico, con demasiados gritos. Si está tranquilo y puedo enseñar, seré feliz”.

Nacido casi con los guantes de boxeo puestos