Cuando Brittany Brown cruzó la meta de los 200 metros en los Juegos Olímpicos de París 2024, terminó tercera con 22,20 segundos, por detrás de Gabby Thomas y Julien Alfred. Era la primera medalla olímpica de una velocista que no había ganado ningún título universitario y que empezó aquel año recuperándose de una lesión de cadera. También era el mayor resultado de su carrera mientras continuaba compitiendo con un endometrioma en un ovario y una endometriosis todavía sin tratar mediante cirugía. “Esto es para todas las mujeres que afrontan problemas de salud, para las que tienen endometriosis o síndrome de ovario poliquístico y para cada atleta que me ha escrito para decirme que no la miran o que los entrenadores no le prestan atención”, afirmó después. “Me identifico con ellas porque soy una de ellas”.
Brown llevaba casi una década conviviendo con menstruaciones extremadamente dolorosas y abundantes, molestias pélvicas, síntomas gastrointestinales y episodios que podían aparecer durante entrenamientos o competiciones. En 2023 encontró una explicación clínica, pero decidió aplazar la operación porque podía apartarla durante meses de la preparación olímpica. El 23 de diciembre de 2024, después de ganar el bronce en París y la final de la Diamond League, se sometió a una laparoscopia para extirpar las lesiones. Volvió a competir antes de cumplirse cuatro meses y necesitó prácticamente toda la temporada para recuperar sus mejores registros. Diez meses después de pasar por el quirófano, corrió los 200 metros más rápidos de su vida.
El dolor que aprendió a considerar normal
Los síntomas habían comenzado durante su etapa en la Universidad de Iowa, donde compitió entre 2014 y 2018. Brown ha descrito periodos menstruales que la obligaban a afrontar dolor pélvico, náuseas, diarrea y dolores de cabeza mientras intentaba mantener la exigencia de una velocista universitaria. También padecía anemia y llegó a recibir infusiones de hierro. Algunas crisis coincidieron con entrenamientos o reuniones, pero durante años aprendió a integrarlas dentro de la rutina deportiva. “A veces siento que el cuerpo que me ha tocado intenta atacarme”, escribió antes de los Juegos. “Pero al mismo tiempo lo quiero porque encuentra la manera de responder”. No sabía todavía cuánto de aquello pertenecía al esfuerzo físico y cuánto podía proceder de una enfermedad que permanecía sin identificar.
La búsqueda de respuestas tampoco fue inmediata. Brown ha contado que algunos médicos le propusieron una histerectomía o le sugirieron tener un hijo como posible solución. Finalmente recurrió a la red sanitaria del Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos -USOPC-, que la puso en contacto con una especialista vinculada al Texas Children’s Hospital. Los análisis y una ecografía transvaginal mostraron un endometrioma —un quiste asociado a la endometriosis— en uno de sus ovarios y unos indicadores de reserva ovárica inferiores a los esperados para su edad. Brown sitúa en 2023 aquel diagnóstico clínico, confirmado posteriormente mediante la intervención. Encontrar una explicación le produjo alivio, pero la información sobre su fertilidad añadió otra preocupación. “El dolor era algo a lo que estaba acostumbrada”, explicó. “La parte de la fertilidad fue la que me hizo sentir muy sola. No sabía qué hacer después”.
Competir antes de operarse
La proximidad de los Juegos convirtió el tratamiento en una decisión deportiva y personal. Una operación podía interrumpir su preparación durante varios meses, por lo que inicialmente estudió otras formas de controlar los síntomas. Probó anticonceptivos, un dispositivo intrauterino, un implante y acupuntura, mientras recibía propuestas relacionadas con la fisioterapia y la relajación del suelo pélvico. Su preocupación no consistía únicamente en comprobar si una alternativa estaba permitida por las normas antidopaje. También debía valorar cómo reaccionaría su organismo a cualquier cambio introducido durante la temporada. “Cuando estoy a punto de competir, mantengo el mismo horario de comidas y las mismas vitaminas. No voy a añadir un medicamento nuevo justo antes”, explicó. Para Brown, cada decisión médica afectaba directamente a su herramienta profesional: “Mi cuerpo es mi trabajo”.

La elección se hizo más difícil después de París. Los nuevos análisis indicaron que sus marcadores reproductivos habían descendido y que el endometrioma estaba creciendo. Brown tuvo que decidir si iniciaba primero un proceso de preservación de óvulos o se sometía a la cirugía. Finalmente priorizó la intervención porque el dolor se había intensificado y quería recuperar su bienestar físico antes de afrontar un posible tratamiento de fertilidad. Hasta entonces había completado la mejor temporada de su trayectoria: regresó plenamente a la pista en febrero después de una lesión de labrum en la cadera, consiguió una marca personal de 21,90 en las pruebas olímpicas estadounidenses, ganó el bronce en París y cerró el año conquistando la final de la Diamond League. Esos resultados no eliminaron la enfermedad; demostraron que había aprendido a competir mientras seguía pendiente de tratarla.
Una recuperación que no siguió una línea recta
Brown buscó expresamente un especialista en cirugía de escisión fuera de su red sanitaria habitual y viajó desde Arkansas hasta Oregón. Calculó que la operación, las consultas, los desplazamientos y el alojamiento le costaron al menos 15.000 dólares. Durante la laparoscopia se localizaron y retiraron lesiones de endometriosis, pero el cirujano le advirtió de que poder correr no significaría sentirse inmediatamente como antes. Podría regresar a las competiciones en unos meses, aunque probablemente necesitaría entre seis y ocho —e incluso cerca de un año— para reconocerse por completo. Brown reapareció en abril de 2025, menos de cuatro meses después. “¿Fue buena mi primera carrera? No”, admitió. “Pero la hice”. La recuperación incorporó fisioterapia del suelo pélvico, cambios nutricionales, rehabilitación y una reconstrucción gradual del entrenamiento.
Sus marcas fueron mostrando ese proceso. En junio corrió los 200 metros en 22,77 en París; en agosto bajó a 22,21 en Silesia, ganó en Lausana con 22,23 y revalidó el título de la Diamond League en Zúrich con 22,13. Después de terminar sexta en el Mundial de Tokio, llegó en octubre a Athlos, en Nueva York, y ganó los 100 metros con 10,99 y los 200 con 21,89, una centésima menos que su anterior marca personal. Brown observó además que muchas de sus lesiones deportivas se habían concentrado en el lado izquierdo y que buena parte de las lesiones de endometriosis aparecieron en esa misma zona durante la operación. Su cirujano consideró interesante la coincidencia, pero no existe suficiente investigación en deportistas profesionales para atribuir una relación causal.
