Ahmad Al-Fahad Al-Sabah y el final de una figura influyente del olimpismo
Javier Nieto
abril 28, 2026

La justicia suiza ha confirmado de forma definitiva la condena por falsedad documental contra Ahmad Al-Fahad Al-Sabah, antiguo miembro del Comité Olímpico Internacional -COI- y durante años una de las figuras más influyentes del deporte mundial. El Tribunal Federal suizo rechazó su último recurso y dejó firme la pena de dos años de prisión con suspensión condicional, después de que la condena inicial de 2021, de 30 meses, fuera rebajada en apelación. La decisión pone fin a un procedimiento de más de una década y consolida judicialmente la caída de un dirigente que había concentrado poder en el olimpismo, en el deporte asiático y también en la política deportiva global.

El alcance del caso va mucho más allá de una condena penal aislada. Ahmad Al-Fahad Al-Sabah no era un dirigente secundario. Fue presidente del Olympic Council of Asia -OCA- durante 30 años, encabezó la Association of National Olympic Committees -ANOC-, dirigió la comisión de Olympic Solidarity del COI, fue aliado relevante en la política olímpica internacional y también ocupó puestos en FIFA, antes de dejar ese organismo en 2017 tras verse implicado en investigaciones de corrupción abiertas por la justicia estadounidense. Reuters lo definió en distintas etapas como uno de los grandes intermediarios del deporte internacional y uno de los hombres con más influencia dentro del sistema olímpico.

El origen del caso: vídeos manipulados y una supuesta conspiración

El origen del procedimiento se remonta a 2013 y 2014, cuando empezaron a circular en Kuwait unos vídeos que supuestamente mostraban al ex primer ministro Nasser al-Mohammed al-Sabah y al expresidente del Parlamento Jassem al-Kharafi participando en una conspiración contra el Gobierno kuwaití y vinculándose con intereses de Israel e Irán. La tesis de la acusación sostenía que esos vídeos eran falsos y que Ahmad Al-Fahad Al-Sabah intervino en una operación destinada a darles apariencia de autenticidad para dañar a rivales políticos con los que mantenía una larga disputa dentro de la familia gobernante y del sistema político kuwaití.

Esta operación no se limitó a difundir material manipulado. La trama buscó fabricar un soporte jurídico que permitiera presentar esos vídeos como si hubieran sido validados de forma independiente. Para ello se articularon estructuras societarias y se promovió un litigio ficticio con la intención de obtener una resolución arbitral favorable que después pudiera usarse en Kuwait como prueba de autenticidad. La gravedad del caso estuvo precisamente ahí: no solo se trataba de vídeos falsos, sino de un intento de darles cobertura legal mediante un procedimiento arbitral fabricado desde Ginebra.

Un falso arbitraje en Ginebra que acabó desmontado por la justicia

La causa se abrió en Suiza porque uno de los implicados era un abogado con base en Ginebra que actuaba para Ahmad Al-Fahad Al-Sabah. La investigación terminó sosteniendo que el dirigente kuwaití había orquestado un mecanismo complejo para obtener una decisión aparentemente válida sobre la autenticidad de los vídeos. En 2018, peritos designados por la justicia ginebrina concluyeron que el material era falso, y los tribunales terminaron considerando acreditado que el exdirigente había impulsado y financiado el proceso fraudulento en sus fases esenciales. El Tribunal Federal mantuvo esa lectura y confirmó que se había cometido un caso de “falsedad intelectual” mediante la fabricación de una resolución arbitral falsa.

La secuencia judicial fue larga. En septiembre de 2021, un tribunal penal de Ginebra condenó a Ahmad Al-Fahad Al-Sabah a 30 meses de prisión, de los que la mitad eran efectivos. Después, el tribunal de apelación rebajó la pena a dos años de prisión suspendida con un periodo de prueba de tres años, aunque mantuvo el núcleo de la condena. Su defensa recurrió entonces al Tribunal Federal con la intención de lograr una absolución definitiva, pero el máximo órgano judicial suizo rechazó ese recurso y dejó firme la condena. Por entonces, también se informó de que otros implicados, entre ellos abogados y un asistente kuwaití, fueron condenados en el proceso, aunque uno de los abogados resultó absuelto en apelación.

Del poder olímpico a la expulsión de hecho del sistema deportivo

La dimensión deportiva del caso empezó a hacerse visible antes de la resolución definitiva. Ahmad Al-Fahad Al-Sabah se apartó temporalmente del COI en 2018, cuando ya pesaban sobre él cargos penales en Suiza. Tras la condena de primera instancia, siguió perdiendo posiciones en el sistema deportivo internacional. En 2023, el COI lo suspendió durante tres años por infracciones éticas, y en 2024 amplió esa sanción a 15 años. En la documentación interna, el organismo sostuvo que su conducta constituía una vulneración muy grave de los principios éticos, una traición al juramento de miembro y un daño severo para la reputación del COI.

La consecuencia final llegó en marzo de 2025. El COI confirmó entonces que la membresía de Ahmad Al-Fahad Al-Sabah había terminado con el cierre de la 144ª Sesión del COI, al expirar su mandato de ocho años sin que se solicitara una prórroga. Para entonces, ya era un exaliado de peso en la estructura olímpica y una figura que había pasado de controlar áreas clave del sistema, entre ellas Olympic Solidarity, a quedar fuera de las principales instituciones deportivas. La resolución definitiva del Tribunal Federal suizo no cambia ese desenlace institucional, pero sí lo sella de manera concluyente: cierra el último frente judicial abierto en Suiza y confirma la caída de quien durante años fue uno de los principales centros de poder del olimpismo internacional.