El contraste entre arena y nieve es uno de los menos habituales en el deporte internacional, pero define con precisión la trayectoria de Alex Astridge, esquiador alpino que representa a Emiratos Árabes Unidos en la Federación Internacional de Esquí -FIS-. Criado en Dubái desde los seis meses de edad, es el único hogar que ha conocido un deportista que ha hecho de la nieve artificial su punto de partida hacia la competición internacional.
Astridge se subió por primera vez a unos esquís con tres años, comenzó a competir a los siete y, con solo nueve, tomó una decisión poco habitual a esa edad: representar a Emiratos Árabes Unidos en el circuito internacional. Mientras otros jóvenes esquiadores crecían en entornos alpinos, él lo hacía en pleno desierto, en un país sin tradición histórica en deportes de invierno.
Ski Dubai, una escuela de esquí bajo el desierto
Su formación se ha desarrollado íntegramente en Ski Dubai, una pista cubierta ubicada en el interior de un centro comercial que se convirtió en su lugar de entrenamiento desde la infancia. Allí dio sus primeros giros, aprendió las rutinas básicas del esquí alpino y comenzó una disciplina diaria alejada de la montaña natural, con condiciones completamente distintas a las de los centros europeos donde compite hoy.
El salto emocional llegó con su debut internacional en los Juegos Olímpicos de la Juventud, el primer gran evento fuera del circuito formativo. “Un momento decisivo fue la ceremonia de apertura. Portar la bandera fue increíble. Ahí pensé: esto es real, esto es lo que quiero hacer”, explicó en una entrevista concedida a FIS.
Desde sus primeros años, su carrera ha estado vinculada a la figura de Mohamed Moulay. Moulay fue su primer entrenador y continúa siendo su mentor, en una relación que ha evolucionado con el paso del tiempo. “De pequeño era una relación entrenador-atleta, ahora es más una amistad”, explicó Astridge. Esa relación fue clave en los momentos más complejos, marcados por lesiones y parones prolongados. “Estuvo conmigo en mi lesión más dura, cuando había gente que me decía que no volvería a esquiar. Estaba en el hospital todos los días y en cinco meses estábamos de nuevo sobre los esquís”, relató el propio deportista sobre uno de los momentos más delicados de su carrera.
El esquí «ahora mismo es toda mi vida»
Lejos de una afición puntual, el esquí se convirtió con los años en el centro absoluto de su vida. “Todo lo que hago va dirigido a esquiar, ahora mismo es toda mi vida”, confesó. La motivación no siempre nace de los resultados, sino de las sensaciones. “La adrenalina, los días buenos, el sol, las vistas… eso también te empuja. Y, sobre todo, sentirte orgulloso de ti mismo por hacer algo que de niño veías inalcanzable”.
Más allá de su progresión individual, Astridge se ha convertido en un referente para los jóvenes que se forman hoy en Ski Dubai. “Conozco a todos los chicos que vienen detrás. Es increíble poder enseñarles que se puede competir fuera y que ellos también pueden llegar”, explicó. Esa visibilidad cumple una función clave para evitar el abandono temprano en un entorno donde el esquí aún no forma parte de la cultura deportiva tradicional.
Su relación con los más jóvenes es natural, sin un discurso impostado de liderazgo. “Intento estar cuando puedo, entrenar con ellos, que me vean”, señaló. Lejos de vivirlo como una presión, asume ese papel como parte del entorno en el que se ha formado, en pleno proceso de desarrollo del esquí en UAE.
Cerrar la carrera sin arrepentimientos
Astridge afronta su presente con una visión poco común para su edad. Lejos de hablar de resultados concretos, su discurso se centra en el recorrido. “Quiero poder terminar mi carrera sin arrepentimientos, sentir que he aprovechado todo, que no he dado nada por hecho”, expresó. Para él, lo importante no reside solo en competir, sino en todo lo que ocurre entre carrera y carrera.
Su objetivo inmediato no pasa por un podio concreto ni por un calendario cerrado, sino por seguir explorando hasta dónde puede llegar un esquiador formado bajo techo, a miles de kilómetros de cualquier gran cordillera, en un país donde la nieve antes era solo un paisaje improbable.





