Bryan Alberts, jugador neerlandés-estadounidense del equipo Team Amsterdam de FIBA 3×3 y miembro de la selección de Países Bajos, convive desde los 10 años con la diabetes tipo 1. Para él, competir significa afrontar dos partidos al mismo tiempo: el que se juega en la pista y el que se disputa dentro de su propio cuerpo, una dinámica que influye en su día a día.
Desde su diagnóstico en la infancia, aprendió que su vida dependería de la planificación. Los pinchazos constantes, el control de insulina en cada comida y la ausencia total de improvisación se convirtieron en elementos cotidianos. Aquella rutina temprana moldeó su carácter y le obligó a asumir responsabilidades que, en otros niños, llegan mucho más tarde.
Infancia, diagnóstico y una vida sin improvisación
Años después, esa misma estructura se ha convertido en la base de su profesionalidad. Alberts organiza su jornada con precisión: comidas medidas, controles de glucosa con suficiente antelación y revisiones antes de cada compromiso deportivo. Durante los partidos mantiene tabletas de glucosa en el banquillo, preparado para responder a cualquier variación que pueda alterar su rendimiento o forzarle a detenerse.
El reto se intensifica lejos de casa. El calendario competitivo del 3×3 obliga a viajar con frecuencia, y los cambios de huso horario pueden alterar los tiempos de insulina. Para Alberts, esos desplazamientos requieren aumentar la vigilancia, hidratarse más y ser estricto con el descanso. Aunque cuenta con el apoyo de su médico en Ámsterdam y de su pareja, la gestión diaria recae principalmente en él.
Viajes, disciplina y vida entre aeropuertos
La convivencia prolongada con la diabetes también ha influido en su percepción de la vida y del deporte. Alberts afirma que le ha enseñado disciplina, responsabilidad y a valorar la salud por encima de cualquier resultado deportivo. Mantiene una rutina firme y asume que su bienestar depende en gran medida de su capacidad para seguirla con constancia, independientemente del contexto.
Ese enfoque le permite trasladar un mensaje claro a jóvenes deportistas diagnosticados con diabetes. Alberts insiste en la importancia de encontrar un método propio, mantenerse perseverantes y no aceptar límites impuestos por terceros. Considera que cada persona desarrolla su sistema y que la clave está en la paciencia, el control y la confianza en uno mismo. Su consejo principal es sencillo y directo: ser orgulloso de convivir con la diabetes.
Historias paralelas de control en el alto rendimiento
Otros deportistas de élite también afrontan esta condición como parte esencial de su preparación diaria. En la NFL, Mark Andrews revisa sus niveles de glucosa de manera constante y afirma que “no se detiene, porque la responsabilidad es permanente”. En el fútbol inglés, Gary Mabbutt explicó que la diabetes nunca le impidió competir al máximo nivel y que aprendió a manejarla sin convertirla en una barrera profesional.
En el rugby, Chris Pennell describe cómo la condición le obligó a conocer su cuerpo con mayor precisión desde muy joven. En la NHL, Max Domi define la diabetes como una presencia constante que no determina su identidad. En el ciclismo en pista, Mandy Marquardt señala que factores como los viajes o la tensión previa a las carreras afectan a sus niveles, por lo que mantiene un seguimiento continuo para competir en igualdad de condiciones. Estas experiencias reflejan que la disciplina y el control permiten a numerosos atletas mantenerse en la élite mientras gestionan esta condición.




