Dane Sweeny y el padre que vendió su negocio para acompañarlo por el mundo
Javier Nieto
septiembre 5, 2026

Melbourne, enero de 2024. Dane Sweeny está disputando el quinto set de su debut en el Abierto de Australia contra Francisco Cerúndolo, pero su padre no puede quedarse hasta el final. Clay, que también ejerce como entrenador, tiene que regresar a trabajar. “Mi padre tuvo que marcharse en el quinto set porque tenía que trabajar en casa”, explicó después el tenista. “Tenía que coger un vuelo y hacer unos trabajos de limpieza, por desgracia”. Sweeny había superado las tres rondas de la fase previa y estaba compitiendo por primera vez en el cuadro principal de un Grand Slam. Su padre había podido acompañarlo hasta allí, pero el negocio con el que contribuía a sostener aquel camino también lo necesitaba.

Más de dos años después, Sweeny ha derrotado a Lorenzo Musetti por 3-6, 6-1, 6-2 y 6-2, y alcanzado por primera vez la tercera ronda del US Open. El australiano, de 25 años, disputará este sábado su siguiente partido contra Luciano Darderi, con una plaza en octavos de final en juego. “Estoy agradecido simplemente por poder competir en los Grand Slams. El recorrido en el tenis es una montaña rusa”, afirmó después de vencer al italiano. Entre aquella tarde de Melbourne y esta semana en Nueva York, Clay vendió su negocio para poder viajar con él y Dane pasó dos meses sin jugar, sin saber siquiera si quería regresar. Su mejor recorrido en un grande llega después de haber tenido que reconstruir algo más que su clasificación.

Una pista dibujada en la playa

Los primeros intercambios entre padre e hijo no necesitaron una pista de tenis. En Mooloolaba, en la Sunshine Coast australiana, dibujaban las líneas sobre la arena y se ponían a pelotear. Dane empezó a golpear con dos años, utilizando una pequeña raqueta de plástico, y recuerda aquellas sesiones en la playa cuando tendría cuatro o cinco. También jugaban en el colegio al terminar las clases. “Recuerdo que la gente se acercaba a vernos pelotear porque yo era muy pequeño”, contó a Tennis Australia. Creció admirando a Lleyton Hewitt, con quien encontraba una semejanza que iba más allá de la nacionalidad: “No era un tipo grande y yo tampoco, pero su entrega y su competitividad… podía identificarme con él por su estatura”. Sweeny mide 1,70 metros.

Clay fue quien le enseñó a jugar, aunque entre los 12 y los 20 años Dane estuvo en la Academia Nacional. Su padre continuó siendo, según explica, la persona más influyente de su carrera. “Siempre ha estado de mi lado, apoyándome y creyendo en mí”. Ese apoyo tuvo un coste económico y personal que el tenista reconoce sin presentar a su familia como una familia pobre. “Nunca han sido pobres, pero tampoco han tenido una situación especialmente desahogada, así que han tenido que hacer muchos sacrificios económicos y emocionales”, explicó en enero de 2026. Para entonces, Clay había vendido su negocio de limpieza para poder acompañarlo por el circuito. Dane también quiso precisar su propia aportación: “He sido bastante independiente desde que empecé a ganar suficiente dinero para financiarme”.

Compartir un Airbnb para seguir viajando

Antes de aquel debut de 2024, Sweeny compartió un Airbnb con un grupo de amigos para reducir los gastos de alojamiento. “El tenis es un deporte bastante caro, así que tengo que intentar que el dinero dure todo lo posible”, explicó. No era la primera vez que buscaba cómo financiar el siguiente viaje. En 2019, con 18 años, abrió una campaña de financiación colectiva con el objetivo de reunir 10.000 dólares australianos. “Viajar por el mundo como tenista profesional no es tan lujoso como parece cuando estás en la parte baja de la clasificación, donde me encuentro ahora”, escribió entonces. Durante 2023 compitió en 32 ciudades de 15 países, con escalas en lugares tan diferentes como Ecuador, Puerto Rico, India, Croacia o China. Los desplazamientos eran parte de su trabajo, pero también una factura que había que pagar antes de saber cuánto ingresaría en el siguiente torneo.

Sweeny estima que una temporada cuesta alrededor de 100.000 dólares australianos sin entrenador y entre 200.000 y 250.000 si uno lo acompaña. También reconoce la ventaja de pertenecer a un país con Grand Slam y disponer de oportunidades relacionadas con ese torneo. Los 120.000 dólares australianos que obtuvo por aquella primera ronda de 2024 permiten entender la diferencia: “Me pagará todo el año y probablemente podré llevar a mi padre, o incluso a otro entrenador, durante buena parte de la temporada”. El premio no significaba únicamente cobrar por un resultado. Permitía viajar acompañado, preparar mejor los torneos y dejar de hacer algunas cuentas. “Me quita mucha presión”, resumió.

Dos meses sin querer jugar

Sin embargo, después de Wimbledon de 2024 dejó el tenis durante dos meses. El problema no era solo sostener los viajes: había perdido el disfrute y su confianza dependía cada vez más de los resultados. “No quería estar allí. Sentía que estaba sufriendo. No estaba disfrutando del camino”, explicó a ‘The First Serve’. Llegó a no saber si volvería. Durante el parón descubrió que echaba de menos competir y sentir la pelota en las cuerdas. La vuelta exigía recuperar esas sensaciones, además de volver a ganar.

El regreso pasó por el circuito ITF, el escalón inferior del tenis profesional, y por ocho títulos durante 2025. Fuera de la pista, la respiración y la escritura forman parte de sus prácticas para mantener el equilibrio. También creó con Calum Puttergill el canal ‘Life on the Tour’, donde muestran viajes y gastos del circuito: una actividad a la que dedicar tiempo y con la que construir una comunidad, más allá de los resultados. Cuando Tennis Australia le preguntó por la principal lección que había aprendido del deporte, respondió: “La disciplina es liberación, la disciplina es libertad”.

“Esto también pasará”

En enero de 2026, después de superar a Gaël Monfils y ganar por primera vez un partido de Grand Slam, escribió sobre la cámara: “Esto también pasará”. No era una frase para superar una derrota, sino para mantenerse centrado después de una victoria. “Lo único constante en la vida es el cambio”, explicó. “Este es un gran momento, es emocionante, pero después todo volverá a bajar. Y lo mismo ocurre cuando las cosas son muy difíciles”. Aquella semana también le permitió disfrutar de algo poco habitual: tener cerca a su novia, a su padre, a su amigo Sam, que lo ayudaba, y al resto de su familia. “Probablemente habéis oído a mi hermana todo el tiempo”, bromeó ante los periodistas. “No tengo eso ninguna otra semana del año. Esa es la única diferencia, y es una diferencia enorme”.

Ahora, la tercera ronda de Nueva York le garantiza un premio de 290.000 dólares estadounidenses y más margen para sostener su carrera. Ante Musetti consiguió su victoria más importante, pero su reacción volvió a centrarse en la posibilidad de estar allí: “Disfrutar del ambiente y conseguir una victoria, un par de victorias, delante de este público es increíble”. En Melbourne había explicado qué le permitían hacer esos ingresos: “Puedo reinvertirlos directamente en mi tenis”. Este sábado volverá a competir para seguir disfrutando del tenis.