Vinicius Junior se perderá el Clásico del 25 de octubre contra el FC Barcelona tras recibir cuatro partidos de suspensión por el tirón de pelo a Nathan Saliba, del Villarreal, y sus protestas posteriores. El Real Madrid prepara un recurso ante Apelación, aunque dispone de un margen reducido para recuperarlo para ese encuentro: una rebaja a tres o incluso dos partidos tampoco bastaría, porque el Barcelona es su segundo rival en esta secuencia. El castigo suma dos encuentros por cada conducta y también le aparta de los compromisos ante Sevilla, Racing de Santander y Valencia.
La sanción llega cuando su posición deportiva y su relación con parte del Bernabéu atraviesan otro periodo de desgaste. El club ha renovado su contrato, pero también ha incorporado una alternativa con Yan Diomande; los silbidos se repiten y sus últimas actuaciones no han recuperado la influencia de sus mejores temporadas. El Madrid puede presentar su recurso este jueves y, si lo hace antes de las 15:00, Apelación deberá resolver antes del viernes a mediodía. Una pequeña rebaja no le permitiría jugar el Clásico: el problema inmediato es la suspensión, pero el de fondo es recuperar su peso en un equipo que dispone de más alternativas.
El Madrid ya tiene una alternativa
La planificación del verano explica parte del nuevo escenario. El Madrid había trasladado a Vinicius una oferta de renovación que no pretendía mejorar y, al mismo tiempo, avanzaba en el fichaje de Diomande como alternativa ofensiva. El desenlace fue la continuidad de ambos: el 6 de agosto, el club anunció la renovación del brasileño hasta 2032 y la incorporación del costamarfileño hasta 2033. El Madrid aseguró a su estrella y añadió un extremo más joven, rápido y con desborde. José Mourinho confirmó que puede ocupar la posición de Vinicius y jugar por la derecha. El plan B ya forma parte de la plantilla y tiene utilidad con independencia de que el brasileño permanezca en el club y siga siendo, al menos de momento, el titular en el extremo izquierdo del Real Madrid.
El desgaste con la grada tampoco se reduce a un mal partido. Vinicius recibió silbidos en enero y en diversos momentos de la temporada, y volvió a escucharlos el sábado ante el Villarreal, incluso siendo suplente. Entre ambos episodios hubo aplausos y actuaciones que recuperaron la conexión, pero la repetición de los pitos muestra que esa complicidad necesita reconstruirse. No representa a todos los aficionados, aunque sí constituye una expresión pública de descontento hacia un jugador decisivo en los últimos títulos. Su rendimiento, las reacciones a las sustituciones y la sucesión de polémicas forman parte de una exposición que ya no se limita a las aficiones rivales: también debe recuperar a una buena parte de su propio estadio.
Del Balón de Oro a un papel menos firme
La referencia sigue siendo el Vinicius que marcó en las finales de Champions de 2022 y 2024 y terminó segundo tras Rodri en el Balón de Oro de 2024, cuya gala no contó con la expedición madridista. Desde entonces, su trayectoria y rendimiento han descendido notablemente y el Bernabéu no ha vuelto a ver, de manera continuada, grandes actuaciones de la estrella brasileña. Con Xabi Alonso llegaron suplencias y sustituciones que contrastaban con su condición de referencia ofensiva en las últimas temporadas de Carlo Ancelotti. Álvaro Arbeloa intentó reconstruir su confianza: “Si quiero tener opciones de ganar títulos necesito a Vinicius en el campo”. Su respaldo tuvo resultados durante una etapa: un análisis estadístico publicado por ‘El País’ mostró en marzo que recibía un 21% más de pases y generaba más ocasiones que con Xabi. Esa mejoría fue momentánea.
Mourinho tampoco ha dejado de utilizarlo, pero los últimos encuentros muestran que su presencia ya no impide buscar otras soluciones. Fue suplente contra el Villarreal y titular el miércoles ante la Roma, donde un taconazo suyo acabó en la pérdida que inició la jugada del 2-1. Salió alrededor del minuto 58, junto a Denzel Dumfries, en la primera ventana de cambios. La suspensión liguera eliminaba la necesidad de reservarlo para el Sevilla, e igualmente el técnico optó por modificar el ataque. El Madrid terminó remontando con protagonismo de los futbolistas del banquillo. Vinicius reconoció después su enfado inicial y también el resultado de la decisión: “Al final tenía razón, el equipo ha mejorado”.

Las protestas ya tienen un coste deportivo
La discusión sobre su comportamiento tiene ahora una consecuencia concreta: las protestas posteriores a la expulsión añadieron dos partidos a la sanción. Disciplina consideró esa reacción una conducta autónoma, diferente del tirón de pelo, y aplicó el mínimo previsto para ambas infracciones. El brasileño insistió tras el encuentro de Roma en que las amarillas recaen sobre él y en que los atacantes necesitan protección. Los enfrentamientos con rivales como Pablo Maffeo forman parte de los antecedentes de esa imagen pública. La prensa española ha recogido preocupación dentro del Comité Técnico de Árbitros -CTA- por el clima de tensión alrededor de los partidos del Madrid.
Con Brasil, el balance reciente también necesita algo más que una cifra. Vinicius marcó cuatro goles en el Mundial: uno ante Marruecos, otro frente a Haití y dos contra Escocia, pero ninguno en las eliminatorias contra Japón y Noruega. Tras caer en octavos reconoció que el equipo podía haber llegado más lejos y pidió perdón. En el Madrid admite ahora que “no estoy en mi mejor versión”. El contrato hasta 2032 mantiene la apuesta del club, pero no garantiza recuperar por sí solo su anterior estatus. La sanción deja espacio a otras opciones en Liga y concentra sus próximas oportunidades en la Champions, con Diomande, Endrick y Carlos Espí entre las alternativas de Mourinho para sostener el ataque.
