La posibilidad que se ha filtrado este miércoles de que Donald Trump impulse la entrada de Italia en lugar de Irán en el Mundial 2026 ha desatado diferentes opiniones que van desde la duda a la carcajada. Una reciente ruptura entre la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y la Casa Blanca, ha podido tener el origen de esta idea. ¿Hasta dónde puede llegar la política en este Mundial de FIFA?
La propuesta ha sido filtrada desde el entorno de Trump con el empresario Paolo Zampolli trasladando esa idea tanto a la FIFA como al propio Gianni Infantino. El argumento, en apariencia, es sencillo: Italia “merece” estar por historia y, de paso, se solucionan otros temas políticos. Según recoge el ‘Financial Times’, desde el entorno de Zampolli admiten que esta propuesta responde a un intento de acercar posturas entre Washington y Roma, después del deterioro provocado por las recientes declaraciones de Donald Trump sobre el papa León XIV y la posición de Meloni en relación con la guerra de Irán.
Estados Unidos vive una escalada de tensión con Irán que ha trasladado el conflicto también al plano simbólico. Y el Mundial, organizado en gran parte en suelo estadounidense, se convierte en un escenario donde esta sugerencia deportiva se convierte en un gesto político.
Irán ya está dentro… en el césped
Sabiendo que la Selección de fútbol de Irán está clasificada gracias a sus victorias sobre el campo, aparece la sombra de la guerra, la seguridad, las relaciones diplomáticas… Una política de goles en la que Irán también ha llegado a plantear condiciones para su participación, como disputar sus partidos fuera de Estados Unidos (recordemos que este Mundial también se juega en México y Canadá). En ese punto, el discurso cambia sabiendo que Trump ha llegado a deslizar que no sería “apropiado” que Irán jugara el Mundial “por su propia seguridad”.
En paralelo aparece la Selección italiana. Cuatro veces campeona del mundo. Historia, peso, narrativa. Pero también una cruda realidad: no está clasificada por tercer Mundial consecutivo. Y esto es lo que hace que la propuesta choque tanto. No es una repesca, no es una vía deportiva. Es otra cosa muy alejada al campo de fútbol.
Seguramente, en otra situación, esta propuesta se podría considerar disparatada, utópica o extremadamente alejada de la realidad. Sin embargo, con los gestos que FIFA y Gianni Infantino ha tenido hacia Donald Trump, como entregarle el primer Premio de la Paz FIFA, hay quien no se fía de que esta idea se lleve a la práctica.
La FIFA, entre dos presiones
Por ahora, la postura de la FIFA es clara: no hay sustitución. Y tiene sentido. Abrir esa puerta sería aceptar que un Mundial puede redibujarse fuera del campo. El equilibrio no es sencillo porque el torneo se juega, en gran parte, en Estados Unidos y la autoridad que ejerce Donald Trump en su manera de gobernar no es sencilla de controlar.
No obstante, es una cuestión que no debiera ni de tomarse en cuenta. No debiera ni acaparar titulares, ni reflexiones como esta en la prensa porque si se llega al extremo de que un equipo puede quedar dentro o fuera de un Mundial por este tipo de razones políticas, el sistema competitivo pierde su base. El caso de Rusia es diferente puesto que es una postura global y unánime, no de un sólo país.
El fútbol siempre ha convivido con la política. Pero esta línea es peligrosa ya no sólo cruzarla, simplemente acercarse a ella.
