Kelly Slater: 54 años, una prótesis de cadera y una ola que no perdona
Javier Nieto
agosto 23, 2026

Nueve meses después de recibir una prótesis total de cadera, Kelly Slater regresó con 54 años al circuito de la World Surf League -WSL- en uno de sus escenarios más peligrosos. El estadounidense participó mediante una invitación en el Outerknown Tahiti Pro, soportó varias caídas, partió dos tablas y eliminó al tres veces campeón mundial Gabriel Medina con 19,06 puntos sobre 20. Su recorrido terminó en los octavos de final ante Jack Robinson, pero aquella actuación en Teahupoʻo adquirió una dimensión diferente por todo lo ocurrido desde que volvió a lesionarse en 2022.

Slater había abandonado la competición a tiempo completo en 2024 después de una trayectoria difícilmente comparable: 11 títulos mundiales, 56 victorias en pruebas del Championship Tour y más de tres décadas enfrentándose a varias generaciones de surfistas. Fue el campeón mundial más joven de la historia cuando ganó su primera corona con 20 años en 1992 y se convirtió en el más veterano al conquistar la última con 39 en 2011. Todavía venció en Pipeline en 2022, a los 49, pero dos años después admitía que había jornadas en las que sentía que ni siquiera debía entrar en el agua. Su regreso a Tahití no fue únicamente el retorno ocasional de una figura histórica, sino la primera comprobación competitiva de una cadera reconstruida dos veces.

Dos operaciones diferentes

El proceso comenzó en Bells Beach, donde Slater agravó en abril de 2022 un problema que arrastraba desde tiempo atrás. Continuó compitiendo durante más de un año con dolor y en septiembre de 2023 se sometió a una intervención que todavía no implicaba la colocación de una prótesis. Los médicos reconstruyeron el labrum, retiraron tejido cicatricial y espolones óseos de la cabeza del fémur, remodelaron la cavidad articular y extrajeron fragmentos que se encontraban sueltos dentro de la articulación. “El médico dijo que aquello parecía una zona de guerra cuando entró para verlo”, explicó posteriormente. También reconoció que probablemente había esperado demasiado antes de operarse.

La primera recuperación exigió tres meses fuera del agua y un trabajo posterior de fisioterapia, alimentación y masaje profundo cuando el labrum ya estuviera asentado. Sin embargo, Slater no recuperó inmediatamente la capacidad necesaria para competir con normalidad. En febrero de 2024, después de regresar a Pipeline, describió una sesión que había encendido todas las alarmas: “Hace ocho o diez días surfeé y me sentí fatal. Pensé: ‘Ni siquiera debería estar en el agua’”. Los tubos le permitían avanzar con una trayectoria relativamente recta, pero los giros y las maniobras sometían la articulación a otras cargas. Dos meses después admitió que seguía “luchando contra el dolor y esperando que apareciera la adrenalina” mientras su participación regular en el Championship Tour llegaba a su final.

Una cadera robótica

Los problemas persistieron y en noviembre de 2025 Slater se sometió a un reemplazo total de cadera realizado por el cirujano Jason Snibbe. La intervención fue asistida mediante tecnología robótica: a partir de un TAC se creó un modelo tridimensional de la articulación y el especialista utilizó un brazo robótico para preparar el hueso y colocar el implante con precisión. No se trataba, por tanto, de una “cadera robótica”, sino de una prótesis convencional implantada con la ayuda de un sistema de planificación y ejecución quirúrgica. Dos semanas después ya apareció caminando y trabajando en su recuperación. En abril, cinco meses y medio después de la operación, publicó una actualización que anticipaba la posibilidad de volver a competir: “Casi sin dolor y puedo surfear todos los días”.

La invitación para Tahití convirtió esa evolución física en una prueba de máximo nivel. Slater comenzó venciendo a Eli Hanneman por 16,23 a 4,53, con un 9,00 y un 7,23 en olas que alcanzaban aproximadamente tres veces la altura de una persona. “Es como montar en bicicleta, pero olvidas lo brutal que es Teahupoʻo”, afirmó. En la siguiente ronda sufrió varias caídas, rompió una tabla y quedó inicialmente por detrás de Medina, pero enlazó dos tubos valorados con 9,73 y 9,33 para imponerse por 19,06 a 16,10. “Empecé a hacer ejercicios de respiración, a tranquilizarme y a reducir el ritmo cardíaco”, explicó. Robinson puso fin a su participación por 15,00 a 8,46 en los octavos de final: Slater partió otra tabla y solo pudo responder con un 7,83 al 9,17 conseguido por el australiano.

La ola que todavía conoce

Teahupoʻo rompe sobre un arrecife de coral poco profundo y combina una pared de agua especialmente gruesa con un descenso pronunciado y tubos de gran potencia. Habitualmente alcanza entre dos y tres metros, aunque puede aproximarse a los siete en condiciones extremas. Una caída puede llevar al surfista directamente contra el arrecife, una característica que convirtió esta localización de Tahití en la sede más exigente del programa olímpico de París 2024. Slater, sin embargo, mantiene allí una relación excepcional: antes de esta edición acumulaba 20 participaciones en pruebas del Championship Tour, cinco victorias —2000, 2003, 2005, 2011 y 2016—, siete finales, dos mangas perfectas y una media histórica de 16,20 puntos por eliminatoria. Los tres nueves obtenidos durante su regreso elevaron a 48 su número de olas puntuadas con nueve o más en este escenario.

En 2005 se convirtió allí en el primer surfista que recibió dos dieces en una misma manga desde la implantación del sistema basado en las dos mejores olas. Su última victoria en Tahití había llegado en 2016, diez años antes de este regreso. La invitación de 2026 generó críticas porque Outerknown, la empresa que Slater cofundó, patrocinaba la prueba y algunos aficionados consideraban que la plaza debía corresponder a un surfista local. Él reconoció haber leído esos comentarios: “Mucha gente dudaba de mí o decía que la oportunidad debería haber sido para un invitado local. Incluso después de todo este tiempo, sí, tengo algo que demostrar”. Tras superar a Medina describió aquella manga como “un gran recuerdo para toda la vida” y admitió la carga personal de lo sucedido: “Fue una manga muy emotiva para mí y para Gabe. Casi me puse a llorar después”.