La dieta olímpica o por qué Brisbane 2032 supondrá un cambio radical en los Juegos
Víctor García
mayo 7, 2026

El movimiento olímpico ha decidido dejar de crecer. No lo ha anunciado de forma oficial, pero ya no hace falta. El lenguaje ha cambiado, las prioridades también y, sobre todo, el contexto ha obligado al COI a mirar hacia dentro. SportsIn ya lo preveía. Los Juegos Olímpicos de Brisbane 2032 puede convertirse en el punto de inflexión más importante de las últimas décadas según lo acontecido este miércoles en la Reunión de Miembros Ejecutivos del COI.

Durante años, la lógica que imperó fue la de más deportes, más disciplinas, más atletas. El modelo de Comité Olímpico Internacional bajo el mandato de Thomas Bach apostó por expandir los Juegos para conectar con nuevas audiencias, ganar presencia digital y adaptarse a los tiempos. Deportes urbanos, propuestas de los comités organizadores, incluso el impulso hacia los esports. Todo respondía a una misma idea: crecer para seguir siendo relevante. Sin embargo, ese ciclo parece haber terminado bajo el mandato de Kirsty Coventry y los nuevos tiempos en los que estamos, y los que vienen.

Menos Juegos, más control

Las filtraciones en torno a Brisbane 2032 apuntan a una reducción del programa olímpico. De los 36 deportes previstos en Los Ángeles 2028 a una cifra cercana a los 32, con voces internas que incluso miran hacia modelos más compactos como el de Londres 2012. No es un ajuste menor. Es un cambio de modelo que apunta al deseo de tener una mayor calidad.

YLa llegada de Kirsty Coventry ha acelerado una transición que va del crecimiento controlado a la selección estricta. De la apertura a la optimización. De la ambición expansiva a la contención financiera. El COI ya no habla de añadir, sino de recortar.

El fin del “todos caben”

El olimpismo llevaba años intentando equilibrar tradición y modernidad incorporando nuevos deportes sin perder identidad y sumando disciplinas para atraer a los jóvenes sin romper la estructura histórica. Sin embargo, ese equilibrio tenía un coste y ya no es sostenible.

Organizar unos Juegos es cada vez más caro. Las infraestructuras pesan más. La presión política crece y cada vez hay menos ciudades dispuestas a asumir ese riesgo. Y las que lo hacen, lo hacen bajo un escrutinio constante. En este sentido, el COI ha percibido esa sensibilidad.

Los términos que ahora salen desde Lausana no son casuales: eficiencia, control de costes, simplificación, sostenibilidad… No son palabras de marketing. Son señales de ajuste. De corrección. De cambio de rumbo.

Nadie está a salvo

Quizá lo más incómodo de este nuevo escenario es que ya no hay garantías. Deportes con historia olímpica, disciplinas consolidadas o federaciones con peso político empiezan a aparecer en conversaciones que antes eran impensables. Halterofilia, pentatlón moderno, boxeo, lucha, tiro o ecuestre. No hay lista oficial, pero el simple hecho de que estos nombres circulen ya es significativo. Durante años, la historia y la tradición protegía a una disciplina. Ahora, ya no.

El nuevo criterio es otro. Más frío y directo, como lo es su valor comercial y la audiencia televisiva que acapara junto a su impacto en redes, la eficiencia de instalaciones, su complejidad operativa… El deporte que no encaje en ese marco empieza a estar en riesgo.

El mensaje oculto de los esports

Si hay un símbolo claro de este cambio es el freno a los esports. Hace no tanto, eran el gran proyecto de futuro del movimiento olímpico. La puerta de entrada a una nueva generación y la expansión natural hacia el entorno digital. Hoy, ese proyecto está congelado porque el COI ya no quiere estar en todas las conversaciones, pero sí quiere controlar las que ya tiene.

El programa de Brisbane 2032 aún no está cerrado. No hay decisiones oficiales. Pero el simple hecho de que se haya retrasado su definición bajo el concepto de “optimización” ya dice mucho. En lenguaje olímpico, eso significa revisión profunda. Brisbane empieza a parecer menos una edición más y más un reinicio. Un punto en el que el COI redefine qué son los Juegos, cuánto deben ocupar y qué papel deben jugar en el mundo actual.

Las federaciones que sobrevivan a este ciclo no serán necesariamente las más históricas. Serán las que mejor entiendan esta nueva lógica y las que se adapten más rápido. Las que encajen en un modelo donde el tamaño ya no es la prioridad. Y es que el movimiento olímpico ya no quiere unos Juegos más grandes. Quiere unos Juegos que pueda sostener.