La lucha de Elena Meyers Taylor dando voz a la discapacidad de sus hijos
Javier Nieto
febrero 26, 2026

Elana Meyers Taylor ganó el oro en monobob femenino en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026 y celebró el título envuelta en la bandera de Estados Unidos, abrazando a sus hijos Nico y Noah en la zona de meta. En una entrevista con Olympics.com, la piloto explicó que la presencia de los niños fue parte del momento: “Fue un instante tan emocional y tan especial que Macy (Lynn) consiguiera subir a mis hijos ahí arriba y que pudieran estar. Es algo que recordaré toda mi vida”.

A los 41 años, la historia de Meyers Taylor llega a esos Juegos con una trayectoria de casi dos décadas en el bobsleigh, cinco medallas olímpicas previas y una condición que ella misma ha asumido como parte de su legado: es la atleta negra más laureada de los Juegos de Invierno. Creció en Douglasville, Georgia, y ha construido su carrera sin separar lo deportivo de lo personal: es madre de dos niños pequeños y está casada con el ex piloto de bobsleigh olímpico Nick Taylor.

Un dulce caos motivador como rutina diaria

En una entrevista previa a los Juegos con 11Alive, NBC, describía su rutina en el circuito con una frase que repetía con naturalidad, como si fuera una manera de ordenar el día: “Es caos todos los días, así que intentamos salir ahí fuera y hacer todo lo que podamos para ganar. Caos feliz”. Ese “caos” incluía viajes constantes, entrenamientos, carreras y una logística familiar que, según contaba, le roba sueño, pero también le da sentido: “Son mis mayores motivadores, tenerlos a mi lado y que me vean día tras día haciendo lo que hago”.

Esa continuidad no ha sido lineal. Meyers Taylor ha convivido con episodios que en otros ciclos olímpicos habrían cerrado etapas, y los enumeraba sin adornos: “En 2010, mi piloto se lesionó el isquio. En 2014, se rompió mi trineo. En 2018, me rompí el Aquiles. En 2022, tuve COVID. En cada Juegos hay algún tipo de reto imprevisto”. En su lectura, la experiencia no evita lo inesperado, pero cambia cómo se entra a competir: “Los Juegos Olímpicos son otro animal”.

La maternidad como motor de su carrera olímpica

El relato humano de Meyers Taylor está atravesado por su familia. Nico tiene síndrome de Down; Nico y Noah son sordos. En casa, explicaba, el lenguaje de comunicación es la lengua de signos estadounidense, y el aprendizaje también se hace en movimiento: “En casa usamos principalmente lengua de signos estadounidense. Ha sido muy importante para mí defender a mis hijos y asegurarme de que no solo tengan los recursos que necesitan, sino que la gente entienda”. En esa misma entrevista con 11Alive, NBC, contaba que “con Nico, muchas veces las personas que conocemos es la primera persona con síndrome de Down que han conocido. O mis hijos son las primeras personas sordas que han conocido”. Y situaba ese efecto sin convertirlo en discurso: “Esa interacción como algo normal ‘normaliza’ la discapacidad, en cierto sentido”.

En Milano Cortina, esa dimensión se hizo visible en el podio, con Meyers Taylor comunicándose con sus hijos mediante signos. En Olympics.com relató cómo le explicó la victoria a Noah: “Le hice el signo: ‘mamá ganó’”. Y añadió un detalle que, según ella, le dio un nuevo significado a la medalla: “Lo gracioso es que, cuando le di la medalla de oro, dijo: ‘Noah campeón’. Así que ahora es su medalla de oro”.

La piloto vinculó esa imagen a la decisión de seguir compitiendo, incluso cuando pensó que el ciclo anterior podía ser el cierre: “Ellos fueron mi razón para seguir en este deporte. Sin mis hijos, habría parado hace mucho. Sin ellos, no tendría este oro”. En esa misma conversación, dejó una frase que explicaba el peso personal de la carrera sin convertirla en síntesis: “Ojalá algún día miren atrás y sepan que su mamá luchó por todo, y que luchó por ellos”.

La medalla no cambia su ‘lucha’ por la discapacidad

Después del oro, Meyers Taylor habló de lo que espera hacer a partir de ahora, mirando más allá del hielo. “Quiero seguir mi trabajo con la discapacidad y la defensa de la discapacidad. Está tan cerca de mi corazón por mis hijos, porque tengo que seguir luchando por ellos”, dijo a Olympics.com. Y explicó cómo ese objetivo convive con la vida cotidiana: “Puedo tener una medalla de oro olímpica en el cuello, pero al final del día vuelvo a casa y necesito asegurarme de que tengan intérpretes; necesito asegurarme de que tengan acceso a lo que necesiten; necesito asegurarme de que haya accesibilidad para sillas de ruedas, para que Nico pueda llegar a los sitios”.

En esa misma línea, cerró su reflexión con una pregunta que trasladó el foco desde su caso hacia otros: “Tengo mucho privilegio por ser atleta, una atleta olímpica. ¿Qué hacen las personas sin ese estatus?”. Y remató el mensaje con una intención directa, sin adornos: “Mi trabajo a partir de ahora será luchar por todos para que tengan los recursos que necesitan y, ojalá, hacer este mundo un poco mejor”.

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