Las recientes reuniones de la Comisión Ejecutiva del Comité Olímpico Internacional -COI- en Lausana quizá no se recuerden tanto por las decisiones adoptadas como por las advertencias que dejaron entrever. Bajo el lenguaje controlado de “optimización”, “sostenibilidad” y Fit for the Future, empieza a aparecer una conclusión incómoda dentro del Movimiento Olímpico: la era de expansión constante de los Juegos parece estar llegando a su límite.
La Sesión extraordinaria del COI, prevista los días 24 y 25 de junio en Lausana, puede convertirse en la primera gran reunión de reforma de la era Kirsty Coventry. No tiene por qué anunciar recortes inmediatos ni decisiones espectaculares, pero sí puede fijar el marco político y técnico de una nueva etapa: unos Juegos más manejables, sostenibles y controlables. En otras palabras, la batalla real puede no estar en el titular de junio, sino en las reglas que permitan tomar decisiones después.
El final de la expansión olímpica permanente
Coventry ya ha verbalizado lo que muchas federaciones internacionales temían desde hace tiempo: “No podemos seguir haciéndonos más grandes, más grandes y más grandes”. Esa frase puede convertirse en la filosofía del próximo ciclo olímpico. Durante más de una década, el Movimiento Olímpico funcionó bajo un modelo de expansión: más deportes, más pruebas con medalla, más disciplinas urbanas, más competiciones mixtas y operaciones de ciudad sede cada vez más complejas. La lógica tenía sentido: el COI buscaba audiencias jóvenes, relevancia digital, impacto en redes sociales y nuevos mercados comerciales.
El problema es que esa estrategia también hizo crecer el producto hasta un punto difícil de sostener. Los Angeles 2028 puede quedar como el momento en el que el COI asumió que el sistema había ido demasiado lejos: 36 deportes, casi 13.000 atletas, más sedes, más operaciones temporales, mayores exigencias logísticas y una presión política creciente sobre ciudades anfitrionas, contribuyentes y organizadores. Brisbane 2032 aparece ahora como el punto de corrección: no necesariamente menos olimpismo, sino un producto olímpico más eficiente.
Brisbane 2032 como punto de corrección
El COI todavía no ha anunciado recortes formales, pero el mecanismo ya empieza a estar claro. La reducción no tiene por qué llegar mediante la eliminación completa de deportes, una opción políticamente explosiva para cualquier federación internacional, sino a través de ajustes más quirúrgicos: menos disciplinas, menos eventos, cuotas de atletas más reducidas y formatos con menor carga de sedes e infraestructura. Recortar una prueba o una disciplina siempre será más sencillo que declarar una guerra abierta a una federación.
Los nuevos criterios ya no se limitan a popularidad o tradición. El coste operativo, la eficiencia de las sedes, la carga de infraestructura, el valor televisivo, la sostenibilidad y la viabilidad del legado empiezan a pesar más que antes. Por eso disciplinas con alta exigencia operativa, como canoe slalom, mountain biking, equestrian eventing u otros formatos que requieren instalaciones específicas, aparecen en el debate público no solo por su atractivo deportivo, sino por lo que cuestan, lo que ocupan y lo que dejan después. Durante años, el estatus olímpico estuvo protegido por historia y política. Ahora los criterios están cambiando.
El reajuste va más allá del programa deportivo
La revisión tampoco afecta solo al programa de los Juegos Olímpicos. La pausa en el proceso de los Youth Olympic Games 2030 y el colapso del acuerdo entre el COI y Arabia Saudí para los Olympic Esports Games muestran que también se están revisando proyectos creados para conectar con audiencias jóvenes. Hace poco, los esports se presentaban como uno de los pilares del futuro olímpico, con estructuras específicas y una alianza estratégica con Riad. Ahora el acuerdo saudí se ha roto, el proyecto busca otro modelo y lo que parecía una apuesta de crecimiento se ha convertido en una retirada estratégica.
La misma cautela aparece en el debate sobre los Juegos de Invierno. La resistencia de federaciones invernales a fórmulas que mezclen conceptos o incorporen disciplinas ajenas a la identidad tradicional del evento muestra que el COI ya no puede expandir su producto simplemente estirando sus fronteras. La innovación sigue siendo necesaria, pero tiene que encajar dentro de un sistema que el organismo pueda pagar, gobernar y defender políticamente. El COI no parece estar abandonando la innovación; está intentando devolverla a un marco que pueda controlar.
Junio puede crear el marco para una contracción controlada
La Sesión de junio quizá no deje titulares inmediatos sobre grandes cortes, pero puede hacer algo más importante: crear el marco de gobernanza que haga posibles esos recortes en el futuro. Si el COI define criterios, límites y principios de optimización, cada federación internacional entenderá que el programa olímpico ya no será un espacio de expansión automática. La pregunta dejará de ser solo qué deporte puede entrar y pasará a ser qué deporte, disciplina o evento puede justificar su permanencia.
Tomados en conjunto, estos movimientos apuntan a algo más grande que una reforma rutinaria. El COI parece prepararse para redefinir qué deben ser los Juegos: más pequeños, más baratos, más controlados y políticamente más gestionables. Para las federaciones, el cambio puede ser profundo. La pregunta ya no será cómo crecer dentro del Movimiento Olímpico, sino cómo sobrevivir dentro de uno que empieza a encogerse.

