Por qué el silencio del COI con los esports no es un paso atrás
Víctor García
mayo 11, 2026

El Comité Olímpico Internacional ha decidido frenar su aventura con los esports congelando su Comisión de Esports y ha dejando en suspenso cualquier hoja de ruta. En el lenguaje del COI, eso equivale a decir que el proyecto, tal y como estaba concebido, ya no encaja.

No es una decisión aislada. Responde a una lógica que se repite en Lausana desde hace meses: control, sostenibilidad, reducción de costes. El paraguas de “Fit for the Future” no solo afecta a los Juegos Olímpicos tradicionales, también alcanza a todo aquello que, hasta hace poco, parecía una expansión natural del movimiento. Los esports eran uno de esos territorios.

El problema no era el videojuego, era el modelo

Durante años, el acercamiento entre el COI y el ecosistema competitivo del gaming se vendió como inevitable. La audiencia joven, el consumo digital, la globalidad… todo empujaba en la misma dirección. Sin embargo, había una fricción de base que nunca se resolvió: la propiedad.

El deporte olímpico se construye sobre federaciones, normas comunes y estructuras abiertas. Los esports, en cambio, se sostienen sobre títulos privados, propiedad de compañías que controlan reglas, formatos y explotación comercial. Integrar ambos mundos no era solo una cuestión cultural, sino jurídica y económica. Ahí es donde el COI ha decidido parar. No porque los esports no interesen en la actualidad, sino porque no encajan en el modelo que ahora quiere reforzar.

La caída silenciosa de la Global Esports Federation

En ese giro, la Global Esports Federation es uno de los actores más afectados. Hace apenas un año, su posición parecía consolidada como puente entre el olimpismo y la industria del gaming. Tenía estructura, respaldo institucional y apoyo de grandes actores comerciales.

Hoy, ese rol queda en suspenso. Sin el respaldo del COI, su capacidad de influencia se reduce. Puede seguir organizando eventos y desarrollando iniciativas, pero ha perdido la llave que le otorgaba relevancia global: su conexión con el ecosistema olímpico.

La IESF y la lógica de lo estable

En paralelo, la International Esports Federation -IESF- emerge como el actor que mejor se adapta a este nuevo contexto. No por crecimiento explosivo, sino por coherencia estructural. Su modelo —basado en federaciones nacionales, gobernanza clásica y desarrollo progresivo— encaja mejor con el tipo de deporte que el COI está dispuesto a asumir. Incluso sin el COI, o precisamente por eso, su posición se fortalece.

No depende de publishers, no responde a intereses comerciales directos y se mueve en un terreno más reconocible para las instituciones deportivas tradicionales. Conociendo el contexto y modelo de la IESF, parece que será cuestión de tiempo que ambas instituciones -IESF y COI-  se sienten a replantear el futuro de los esports y sea mediante esta vía -o muy similar- como este ecosistema encaje en el traje olímpico.

Lo que ha ocurrido en Lausana no es solo una decisión sobre esports. Es un reflejo de un cambio más amplio como consecuencia del paso de un modelo expansivo a uno selectivo. En ese contexto, algunos actores pierden peso, otros ganan estabilidad y el propio concepto de “deporte olímpico” vuelve a cerrarse sobre sí mismo. El futuro de los esports no desaparece. Pero, por ahora, se aparta de las prioridades del COI mientras se redefine su vínculo.