Los hermanos Aigner, la familia de oro de Milano Cortina 2026
Javier Nieto
marzo 17, 2026

Veronika Aigner y Johannes Aigner volvieron a situar el apellido familiar entre los grandes nombres del esquí alpino paralímpico en Milano Cortina 2026. La austríaca cerró los Juegos con cinco medallas en cinco pruebas, cuatro oros y una plata, mientras que su hermano sumó cuatro metales y se quedó a las puertas del quinto con su cuarto puesto en el eslalon. El primer gran golpe llegó ya el 7 de marzo, cuando ambos inauguraron el palmarés dorado de Austria en Cortina con sendas victorias en descenso dentro de la categoría visual.

Aquellos resultados no fueron solo una prolongación de lo que la familia ya había mostrado en Pekín 2022, sino también una prueba de adaptación en pleno escenario paralímpico. Veronika ganó en velocidad con Lilly Sammer después de llegar a los Juegos sin su guía habitual, su hermana Elisabeth, lesionada en una rodilla semanas antes, y Johannes volvió a dominar entre los favoritos con Nico Haberl a su lado. Al despedirse del eslalon con otro oro, Veronika dejó una frase que resumía el tono emocional de su semana: “Fue mi última carrera de eslalon. Me siento muy rara, un poco triste, pero es lo que hay. El dolor en la rodilla es demasiado grande como para seguir intentándolo”.

Una familia de esquiadores que creció sin límites en casa

Detrás de ese nuevo botín de medallas hay una historia familiar mucho más amplia que el podio. Los Aigner son una referencia singular dentro del deporte paralímpico austríaco porque varios de los cinco hermanos han competido al máximo nivel y porque el esquí formó parte de su vida desde muy pequeños en Gloggnitz, una localidad situada a una hora de Viena. Veronika empezó a esquiar con dos años y Johannes se subió pronto también a las pistas en una casa donde convivían la discapacidad visual, la rutina del entrenamiento y una normalidad muy poco dramática. “Creo que lo importante es la mezcla”, explicó Johannes en una entrevista a ‘ORF’ al recordar que todos crecieron con esa limitación visual desde el nacimiento y que, al mismo tiempo, esquían desde niños.

Esa mirada sobre la discapacidad aparece una y otra vez cuando la familia habla de sí misma. Veronika lo resumió con una idea muy concreta al recordar la actitud de sus padres, Petra y Christian: “Mamá y papá nunca nos prohibieron nada”. En su casa, contaba, no existió esa reacción de apartar a un niño de cualquier riesgo por tener una limitación. “A muchos niños con discapacidad se les dice: ‘No hagas eso, no puedes’. En nuestro caso nunca pasó. Siempre nos dejaron probarlo todo”. Esa forma de educar también ayuda a entender el tono con el que hablan de lo que hacen: sin solemnidad y sin convertir cada medalla en una excepción épica, aunque el esfuerzo familiar para sostener una carrera de esquí haya sido enorme en tiempo, viajes y dinero.

Entre hermanos, guías y una confianza que no se improvisa

La historia de Veronika tiene además una capa íntima difícil de separar del rendimiento deportivo, porque durante años compitió guiada por su hermana Elisabeth. Antes había sido Irmgard quien la ayudara en pista, pero Elisabeth terminó ocupando ese lugar hasta formar con ella una pareja inseparable en grandes campeonatos. “Lisi y yo nunca hemos discutido de verdad, estamos muy conectadas”, llegó a contar Veronika al explicar una relación en la que ambas detectan enseguida cuándo la otra no está bien. Por eso la lesión de rodilla que dejó a Elisabeth fuera de Milano Cortina 2026 fue más que una baja técnica: alteró una rutina de confianza construida en familia, aunque Veronika encontró respuesta inmediata en Sammer para mantener intacta su competitividad.

En Johannes esa conexión con el guía también va mucho más allá de lo puramente deportivo. Durante años la construyó con Matteo Fleischmann y después la trasladó a una nueva etapa con Nico Haberl, siempre bajo una misma idea: no basta con que el guía sea rápido, también tiene que existir entendimiento fuera de la pista. Él mismo ha explicado que la comunicación en carrera depende de auriculares Bluetooth, del seguimiento visual de señales mínimas y de una coordinación constante, pero lo que más repite es otra cosa: la relación personal. “No sirve de nada que todo funcione en la pista si fuera de ella no tienes contacto”, venía a decir al hablar de Matteo, con quien compartía también tiempo libre, afición por los coches y tardes arreglando cosas juntos.

Música, campo y una vida que no gira solo alrededor del esquí

Esa necesidad de no vivir encerrados en la competición se vio también en la Villa Paralímpica de Milano Cortina, donde los Aigner montaron casi cada noche una pequeña fiesta improvisada con guitarras, armónica estiria, acordeón y altavoz. Veronika toca la guitarra, Johannes se anima con la armónica y el acordeón, y alrededor de ellos se van sumando guías, compañeros y amigos en una escena bastante alejada de la imagen rígida del deportista concentrado. “Siempre estamos listos para una fiesta”, decía Veronika antes de los Juegos. Entre las canciones que repetían aparecían clásicos populares austríacos, temas tradicionales y piezas como “Stand by Me”, en una rutina que servía para vaciar la cabeza después de cada prueba. “Es bueno para la mente no tener siempre la sensación de estar compitiendo”, explicaba Haberl.

Fuera de la nieve, cada uno ha ido llenando esa vida con intereses muy concretos que también dibujan su personalidad. Veronika se vuelca en los caballos, monta, hace cursos vinculados al trabajo agrario y habla con naturalidad de su idea de comprarse vacas cuando encuentre sitio. Barbara, ya retirada de la competición, cría gallinas de distintas razas, y Johannes prefiere el terreno técnico: reparar aparatos electrónicos, montar ordenadores o trastear con cualquier máquina que caiga en sus manos. En una casa donde, según él mismo contaba con humor, los armarios están cada vez más llenos de medallas y su padre sigue buscando dónde colocarlas, la fama no ha cambiado demasiado las cosas. “Somos las mismas personas que antes de los Juegos”, decía Veronika tras los éxitos de Pekín. “Seguimos siendo igual de tontos, seguimos con nuestros hobbies y con los mismos amigos”.