Marcos Llorente y la irresponsabilidad de un referente deportivo
Javier Nieto
abril 8, 2026

La última controversia de Marcos Llorente ha vuelto a girar en torno a la salud. El jugador de fútbol del Atlético de Madrid y de la selección española volvió a la carga en los últimos días con ese discurso tras una publicación sobre la crema solar y el melanoma, después de años dejando frases como “Si crees que el cáncer de piel aparece por culpa del sol, eres el rey de los ignorantes” o “El problema no es el sol, somos nosotros”, dos mensajes que han sido respondidos por especialistas y que chocan con un consenso médico muy asentado sobre la radiación ultravioleta y el cáncer de piel.

Llorente ha ido construyendo una imagen pública ligada a la salud, la “biología” y los hábitos de vida, con comentarios sobre el sol, la crema solar, las gafas, la luz azul o las estelas de los aviones. En su caso, además, el contexto importa al ser un futbolista internacional con una exposición masiva y una capacidad de influencia que multiplica el alcance de cualquier mensaje, también cuando ese mensaje se aleja de la evidencia científica. Su cuenta oficial de Instagram supera los 2 millones de seguidores y su perfil verificado en X tiene alrededor de 406.000 seguidores. Ese volumen de audiencia refuerza su capacidad de influencia como futbolista internacional del Atlético de Madrid y de la selección española, y multiplica el impacto de cualquier mensaje que publique sobre salud, hábitos o supuestos fenómenos científicos.

Sol, fotoprotección y cáncer de piel

En el bloque del sol y la fotoprotección, sus frases son especialmente directas. “El problema no es el sol, somos nosotros”, escribió al defender su posición, y en otra publicación ironizó con “No te diré que lo sabía, pero vamos que se veía venir…”, en una publicación irónica donde el jugador aparece disfazado de crema solar. La respuesta científica aquí es clara: la Organización Mundial de la Salud -OMS- sostiene que los cánceres de piel se deben principalmente a la exposición a radiación ultravioleta, y la propia agencia recuerda además que el riesgo está relacionado con la duración y la frecuencia de exposición solar a lo largo de la vida.

También en esa última publicación difunde la idea de que el protector solar forma parte del problema o de que su utilidad está sobredimensionada. La OMS mantiene justo lo contrario: recomienda buscar sombra, usar ropa adecuada y aplicar fotoprotección de amplio espectro con al menos SPF 30 en las zonas no cubiertas, aunque advierte de que la crema no debe servir para prolongar el tiempo al sol. Algunas medidas que precisamente también él reivindica, a excepción de la fotoprotección, aunque lo hace sin tener en cuenta que no todo el mundo puede seguir las rutinas a diario que él tiene, como tomar algo de sol a diario o comer a la luz natural. O que muchas familias o personas cotidianas disfrutan de unos días de vacaciones en la playa o la montaña, por desgracia no tienen tiempo de hacer una transición como él pide, y para poder disfrutar sin peligro del sol deben usar una crema solar, además de otras recomendaciones. En Nueva Zelanda, también es habitual echarse crema a diario sea la época que sea del año, precisamente porque el país tiene una capa de ozono más delgada debido a su proximidad a la Antártida, lo que provoca niveles extremadamente altos de radiación UV. Ejemplos hay muchos, y además de la evidencia científica, las situaciones y circunstancias de cada persona también son relevantes y a tener en cuenta.

Además, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer -IARC-, dependiente de la OMS, estimó que el 83% de los nuevos melanomas cutáneos de 2022 estuvieron causados por exposición a radiación ultravioleta, un dato que refuerza el nivel de evidencia alto en este punto.

Gafas, luz azul y “biología”

Otro de sus frentes más repetidos ha sido el de las gafas y la luz artificial. “Yo no llevo nunca gafas de sol ni se deberían llevar”, dijo, antes de añadir que “No estás dejando que a los ojos les entren los rayos necesarios”. Más tarde defendió también el uso de lentes de color al afirmar: “Yo utilizo gafas con cristales amarillos durante el día cuando estoy en interiores” y, por la noche, gafas rojas, dentro de un discurso en el que sostiene que “la luz azul, fuera de su contexto natural (el día), es un tóxico”. Frente a eso, la American Academy of Ophthalmology -AAO- no recomienda las gafas de bloqueo de luz azul porque no hay evidencia científica sólida de que la luz azul procedente de pantallas dañe el ojo, ni de que esas lentes mejoren de forma consistente la fatiga visual digital.

El matiz científico existe, pero no coincide con la rotundidad de su discurso. La literatura médica sí reconoce que la luz influye en los ritmos circadianos y que la exposición nocturna puede alterar el sueño, pero eso no equivale a validar la cadena completa de conclusiones que Llorente presenta como certeza. De hecho, RTVE Verifica, apoyándose en asociaciones y expertos en oftalmología, resumió que no existe consenso científico sobre los beneficios que él atribuye a esas gafas amarillas, mientras que la AAO insiste en que dormir mejor o reducir el cansancio visual no depende necesariamente de lentes especiales. El nivel de evidencia en la relación entre luz y ritmo circadiano es moderado-alto; el de las gafas bloqueadoras como solución general, claramente más limitado.

Estelas de aviones y difusión de mensajes conspirativos

El bloque más próximo al terreno conspirativo ha sido el de los aviones. “Yo miro al cielo y estos cielos no los había visto nunca. Normal, para mí, no es”, dijo Llorente, antes de rematar con otra frase igual de explícita: “Luego siempre está el típico que te dice que es vapor de agua y no sé qué”. En este caso, la respuesta institucional también es nítida. La Agencia Estatal de Meteorología -AEMET- explica que las estelas de condensación son nubes de hielo que se forman por condensación del vapor de agua contenido en las emisiones de los motores o por cambios de presión y temperatura al paso del avión. El nivel de evidencia aquí es alto y la explicación física está plenamente asentada.

Ese es el punto en el que el caso de Llorente deja de ser una suma de hábitos personales y pasa a tener interés público. A sus comentarios sobre el sol, la crema o la luz artificial se añade una forma de presentarlos que refuerza su autoridad ante el público, con expresiones como “Nada de lo que comparto me lo invento” o “Es la biología, no lo digo yo”. En un deportista de élite, esa mezcla entre notoriedad, lenguaje de certeza y mensajes sin aval científico puede alimentar la desinformación y agrandar el impacto de afirmaciones personales sobre salud, precisamente por la influencia social que acompaña a figuras de ese nivel. Especialmente cuando organismos como la OMS, la AAO o la AEMET sostienen posiciones muy distintas y basadas en evidencia revisada y recomendaciones técnicas.