Zach Williams y vender tu casa para perseguir los Juegos Paralímpicos a los 39 años
Javier Nieto
marzo 3, 2026

Zach Williams nunca se ha definido por lo que le falta, sino por la manera en la que se mueve. El esquiador estadounidense cumplió los criterios para clasificarse para los Juegos Paralímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, pero una lesión de pretemporada le impedirá competir. La pausa no altera el eje de su historia, marcada por una relación constante con el movimiento. “He sido amputado prácticamente toda mi vida”, explica. “Tuve la cirugía a los 18 meses y llevo prótesis desde los dos años. Así es como simplemente he caminado”.

Nacido sin tibias, Zach Williams creció aprendiendo a adaptarse sin convertir la adaptación en discurso. “Puedo caminar y me desenvuelvo perfectamente”, señala. Y añade, con naturalidad: “Incluso mi rodilla de 35.000 dólares solo puede hacer una fracción de lo que puede hacer la tuya”. No hay dramatismo en la comparación, sino precisión. “Tendrá limitaciones”, admite, como quien describe una herramienta y no una identidad.

Su primer amor a los 15 años, y ser novato a los 39

Antes de la nieve estuvieron los motores y el mar. “Los ATV fueron mi primer amor en ese sentido”, recuerda. “Podía moverme por el bosque sin pensar en cómo iba a pasar por encima de una roca o un tronco”. Más tarde llegó el surf en Los Ángeles. “Viví en Los Ángeles 15 años y surfeé todo ese tiempo. Iba antes y después del trabajo”, cuenta. “Nada me ha dejado mover el cuerpo con la libertad, la velocidad y el control que me da el esquí”.

El cambio fue casi casual. Ya instalado en Arizona, vio un cartel de clases adaptadas gratuitas en Flagstaff. “Pensé: ‘no hay olas a 7.000 pies de altura’. Así que me apunté”, relata. El primer día bastó. “Esquié por primera vez a los 39 años y me enganché inmediatamente”. Poco después formuló una pregunta directa: “Le pregunté a mi instructor si los Paralímpicos eran un sueño imposible o una posibilidad”. La respuesta fue sencilla: “Va a requerir mucho trabajo, pero es posible”. A diferencia de muchos deportistas que empiezan en la infancia, Zach Williams llegó al alto rendimiento pasada la cuarentena. “¿Cuántos atletas olímpicos pueden decir que empezaron un deporte a los 39?”, plantea.

Esa edad, lejos de ser un obstáculo, marcó su narrativa diferencial. “Estoy teniendo una vida que no tendría si fuera físicamente normativo”, afirma. “Quiero ser el mejor esquiador de la montaña”. El paso decisivo no fue un podio, sino una renuncia. Con un máster en Ciencias de la Salud, Prótesis y Ortesis, y una carrera estable, decidió reorientar su vida tras la pandemia. “No estaba viviendo el sueño y quería esquiar”, reconoce. “Hice algunos números, tomé decisiones y di el salto”. Vendió su casa en California y se trasladó a Utah para entrenar a tiempo completo. “Vendí mi casa para financiar mi vida como atleta”, resume.

No eres solo tú, es la máquina

En el esquí adaptado, el cuerpo y la técnica conviven con la ingeniería. “No eres solo tú, es esta máquina”, explica al comparar su sit ski con un monoplaza de Fórmula 1. “Intentas transferir el movimiento desde el asiento, a través del chasis, hasta el esquí y sentir la respuesta de vuelta”. Su formación en prótesis le llevó a diseñar sus propios asientos. “Los modelos estándar están pensados para perfiles distintos al mío”, detalla. “Prefiero un asiento que envuelva el muslo, que sea orgánico”. Intentó imprimir piezas en 3D, pero regresó al molde tradicional cuando el material no soportó la presión. “He hecho varias iteraciones”, comenta. “Es un proceso de prueba y error”.

La tecnología también está presente en su prótesis diaria. “Mi rodilla tiene cinco sensores que leen información 50 o 60 veces por segundo”, explica. “Un microprocesador ajusta la resistencia hidráulica según el movimiento”. Aun así, insiste: “Sigue siendo diferente. El mundo está diseñado para rodillas anatómicas”.

Visibilidad y continuidad

Zach Williams también reflexiona sobre el contexto paralímpico. “La cobertura de París fue increíble”, asegura, en referencia a Paris 2024. “Podía ver cualquier prueba cuando quisiera”. Considera que la visibilidad es clave para el desarrollo del deporte. “No están poniendo a atletas con discapacidad en una caja de cereales todos los días”, apunta. “Pero creo que muchas veces nuestras historias son más interesantes”.

La temporada más reciente incluyó otro giro inesperado: un incendio en su apartamento, un retraso en una concentración y un accidente que le provocó una fractura cervical. Aunque cumplió los criterios de clasificación para Milano Cortina 2026, no podrá competir. “Estoy compitiendo contra el reloj y contra mí mismo”, afirma. Más equipos serán anunciados en las próximas semanas de cara a los Juegos Paralímpicos que comienzan el 6 de marzo.

A sus 46 años, rookie en el equipo nacional y recién llegado a la élite, Zach Williams no define su trayectoria por una línea de salida concreta. “Mi vida ha sido tan rica porque escuché a mi corazón y seguí mis sueños”, dice. Y, fiel a la frase que repite desde que decidió cambiar de rumbo, concluye: “Empieza a hacer números, toma decisiones y da el salto”.

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