El camino de Simon Møss hacia el éxito en el balonmano playa no comenzó con una decisión planificada, sino a partir de una lesión que puso en pausa su progresión en pista. Durante un campus de verano de balonmano indoor, una grave lesión de espalda le provocó una fractura en la columna que le apartó de lo que debía ser una etapa clave en su formación como jugador. “Mi aventura en el balonmano playa empezó realmente por una grave lesión de espalda que sufrí durante un campus de verano de balonmano indoor”, explica.
Tras un largo proceso de recuperación, fue una llamada la que cambió el rumbo de su carrera. El entonces seleccionador juvenil de pista, Claus Hansen, le propuso probar el balonmano playa. “Cuando por fin me recuperé, me llamó y me preguntó si quería intentarlo en la arena”, recuerda Møss. Aquella invitación, casi casual, terminó abriendo una nueva etapa deportiva que acabaría definiendo su trayectoria internacional.
Un palmarés construido en la arena… con una cuenta pendiente
Con el paso del tiempo, Møss fue encontrando en la arena algo más que una modalidad distinta. “A través de las personas y de las experiencias que me ha dado este deporte, descubrí que el balonmano playa tiene una comunidad muy especial”, señala. “Existe una unidad única entre países y una atmósfera casi imposible de explicar, que hay que vivir”. Ese sentimiento de pertenencia fue clave para consolidar su vínculo con la disciplina. “La combinación de comunidad, experiencias y la persecución de grandes objetivos es donde encuentro mi pasión y mi motivación”, resume el jugador danés, que debutó con la selección nacional de balonmano playa en 2017.
Desde entonces, Denmark men’s beach handball team se ha convertido en su principal escenario competitivo. Møss ha superado los 1.000 puntos con la selección y ha conquistado el oro en el Campeonato de Europa de 2021, además de un bronce en 2023 y dos platas en los Campeonatos del Mundo de 2022 y 2024. A nivel de clubes, ha sido MVP de la Champions Cup de 2019 y campeón del torneo en 2023 con Rødby Beach Boys.
Pese a ese palmarés, hay un objetivo que sigue marcando su horizonte. “Cuando pruebas lo que es estar en lo más alto del podio, la motivación crece aún más, especialmente cuando te falta el oro mundial”, reconoce. “Es una de las grandes fuerzas que me empujan a seguir: el sueño de colgarme esa medalla de oro del Mundial”, añade el jugador, que compagina su carrera deportiva con su trabajo en el sector bancario.

La selección, la convivencia y una generación que empuja
Más allá de los títulos, Møss subraya el valor del recorrido colectivo. “Formar parte de la selección danesa es algo muy especial. Somos un grupo que ha pasado por mucho juntos y compartimos muchas experiencias”, explica. Esa convivencia ha construido una identidad común dentro y fuera de la pista, al tiempo que abre paso a una nueva generación. “Hay jóvenes llamando a la puerta y, en algún momento, el relevo generacional será inevitable; la única incógnita es cuándo”, apunta.
Entre sus recuerdos más singulares figura un episodio previo al Europeo de 2019. Una revisión ocular de última hora reveló que jugaba prácticamente sin ver con claridad. “El óptico me dijo, medio en broma, que estaba casi ciego”, recuerda. Las lentillas llegaron justo antes del viaje y, contra todo pronóstico, Dinamarca se proclamó campeona de Europa por primera vez. “Ese torneo cambió por completo nuestra percepción y nos hizo ver que podíamos estar entre los mejores”, resume.
El balonmano playa como espacio de conexión internacional
La trayectoria de Møss también se ha construido a través de relaciones más allá de Dinamarca. La colaboración entre Rødby Beach y el club de Aarhus HEI Beach Handball ha sido clave en su desarrollo, al igual que los vínculos personales creados con jugadores de otros países. “Empecé a aprender español como hobby porque me cansé de no entender lo que decían los rivales en la pista”, explica.
Ese interés derivó en una relación estrecha con jugadores como el español Hugo Madera y el portugués Rui Rodrigues, y le llevó incluso a competir en varias ocasiones con el equipo portugués Tigres. Para Møss, el balonmano playa ha sido también un espacio de intercambio cultural y crecimiento personal, donde la competición convive con una identidad compartida.
El caso de Simon Møss no es aislado. En los últimos años, varios jugadores y jugadoras han encontrado en el balonmano playa una vía de continuidad o especialización tras etapas exigentes en pista. En España, perfiles como Luisa García Toro, Miriam Sempere, Inoa Lucio o Remei Prat representan distintos caminos hacia la arena, desde cambios definitivos hasta transiciones progresivas. A nivel internacional, trayectorias como las de Jelena Erić o Lucie-Marie Kretzschmar también pasaron por esa transición.




