De Taranto a Los Ángeles, crece el proyecto de la halterofilia egipcia
Farzad Youshanlou
septiembre 3, 2026

Cuando Alaaeldin Kamel Hassan habló con SportsIn, la competición de halterofilia en Taranto 2026 apenas comenzaba. Egipto todavía no había ganado ninguna medalla. Lo que ocurrió después dio un respaldo contundente a su ambiciosa visión de cara a Los Ángeles 2028.

Cuando Alaaeldin Kamel Hassan habló con *SportsIn* el primer día de la competición de halterofilia de los Juegos Mediterráneos de Taranto 2026, la campaña de Egipto todavía estaba por comenzar. No había medallas que celebrar, podios que analizar ni resultados que respaldaran sus palabras. Sin embargo, el seleccionador egipcio habló con una clara sensación de propósito. “Tenemos grandes expectativas”, afirmó, dejando claro que Taranto no era simplemente otra edición de los Juegos Mediterráneos, sino una parte de un proyecto mucho más amplio.

Para Hassan, ese proyecto ya tiene la mirada puesta en Los Ángeles 2028. Explicó que la preparación para el próximo ciclo olímpico comenzó prácticamente después de París 2024, con una atención especial a una nueva generación de levantadores. Entre los jóvenes que destacó estaban Abdelrahman Younes, nacido en 2005, y Abdelrahman Hosny Metwally, nacido en 2008. Su presencia refleja, según el técnico, un cambio importante en la manera en que Egipto está pensando el futuro de este deporte. El objetivo no es únicamente mantener a la generación actual, sino formar a la siguiente mientras los atletas experimentados continúan transmitiendo su conocimiento.

La estrategia adquiere especial importancia en un país con una larga tradición en la halterofilia. Hassan describió este deporte como uno de los pilares del deporte egipcio y volvió en varias ocasiones sobre la necesidad de construir un sistema nacional sólido, en lugar de depender exclusivamente de figuras individuales. Su ambición es contar con atletas capaces de competir de forma constante al más alto nivel internacional.

“Queremos construir un equipo capaz de competir por medallas”, afirmó Hassan

Hassan también habló con especial reconocimiento del apoyo recibido por el deporte egipcio y agradeció al presidente Abdel Fattah el-Sisi y al Ministerio de Juventud y Deportes. Para él, la inversión en el deporte de alto nivel va más allá del medallero. Las competiciones internacionales ofrecen a Egipto la oportunidad de mostrar su fortaleza deportiva y reforzar su presencia en el escenario mundial. La halterofilia, por su tradición olímpica y por su historia en Egipto, ocupa un lugar especialmente importante dentro de esa identidad deportiva nacional.

Los Juegos Mediterráneos ofrecían además exactamente el tipo de escenario que Hassan quería para sus atletas. Egipto se enfrentó a países con una importante tradición en la halterofilia, entre ellos Turquía, Italia, España, Túnez y Argelia. Era una prueba exigente tanto para el rendimiento como para la preparación. Hassan reconoció que los estándares técnicos siempre pueden mantenerse y elevarse al máximo nivel, pero su valoración general de la competición fue positiva. Para sus atletas, enfrentarse a rivales fuertes y competir bajo presión internacional formaba parte esencial del proceso de preparación.

Lo ocurrido después sobre la plataforma dio una nueva dimensión a sus palabras. Egipto terminó la competición de halterofilia con 10 medallas, siete de ellas de oro, además de dos platas y un bronce. El resultado no fue simplemente una buena cosecha de medallas. También ofreció una primera señal de que el proceso de reconstrucción descrito por Hassan comenzaba a traducirse en resultados concretos.

Noureldin Zaky fue uno de los primeros ejemplos. En la categoría masculina de 65 kilos ganó el oro en arrancada y la plata en dos tiempos, después de que el italiano Sergio Massidda se impusiera en esta última modalidad con 162 kilos frente a los 161 de Zaky. La actuación reflejó precisamente uno de los aspectos que Hassan había destacado en la entrevista: el valor de competir contra rivales de alto nivel, especialmente en pruebas donde una diferencia mínima puede decidir el color de una medalla.

Roufida Fathi ofreció una historia similar en los 69 kilos femeninos. La egipcia ganó la plata en arrancada antes de conquistar el oro en dos tiempos. A ella se sumaron los dos oros de Abdelrahman Younes en los 85 kilos masculinos y los dos títulos de Sara Samir en los 77 kilos femeninos. Juntos, estos resultados reflejaron la combinación que Hassan había señalado entre experiencia y juventud, y demostraron que las aspiraciones egipcias no dependían de una sola atleta o de una única generación.

Karim Abokahla añadió otro capítulo significativo en los 95 kilos masculinos. Después de conseguir el bronce en arrancada, ganó el oro en dos tiempos con 204 kilos, superando por un kilo al kosovar Kianoush Rostami, que levantó 203. Fue otra demostración del nivel de competencia que Hassan consideraba fundamental para sus atletas, en una disciplina donde un solo kilo puede marcar la diferencia entre el oro y la plata.

Pero quizá lo más interesante de las palabras de Hassan fue que nunca presentó Taranto como el destino final. Su atención seguía centrada en construir un equipo nacional más fuerte y en formar atletas capaces de llevar la tradición egipcia de la halterofilia hacia el próximo ciclo olímpico. Los Juegos Mediterráneos eran, por tanto, un punto de control y no una conclusión. Las medallas importaban, pero más importante era lo que esas actuaciones podían significar para el futuro.

La actuación general de Egipto en Taranto reforzó ese argumento. La delegación egipcia cerró los Juegos con 58 medallas, entre ellas 23 oros, 16 platas y 19 bronces, terminando quinta en la clasificación general y como la nación árabe más laureada. La halterofilia fue uno de los grandes motores de esa campaña, con 10 medallas por sí sola.