Diana Taurasi y un ‘homenaje’ a la defensa de la inmigración
Javier Nieto
agosto 19, 2026

“Lo hizo todos los días durante 50 años, una y otra vez. Así que no me digáis que este país no está construido sobre el esfuerzo de personas trabajadoras, independientemente del lugar en el que hayan nacido”. Diana Taurasi hablaba de su padre, Mario Taurasi, pero su frase trascendía la historia familiar. La pronunció el domingo, durante el homenaje en el que Phoenix Mercury retiró su camiseta con el número 3 y la incorporó a su Anillo de Honor. El apellido quedó suspendido en lo alto del pabellón ante 16.513 espectadores, durante el encuentro de la Women’s National Basketball Association -WNBA- frente a Portland Fire.

Taurasi es una de las primeras grandes estrellas de la WNBA, una pionera y una de las mejores jugadoras de la historia. Ganó tres campeonatos con Phoenix, fue elegida mejor jugadora de la liga en 2009, conquistó seis oros olímpicos y continúa como su máxima anotadora histórica, con 10.646 puntos. También es estadounidense, aunque nunca ha olvidado sus orígenes: Mario nació en Italia y se crio en Argentina, mientras que su madre, Liliana, es argentina. Ambos emigraron a Estados Unidos, y su hija siempre ha elogiado públicamente el sacrificio que realizaron. En medio del actual clima político alrededor de la inmigración, y sin mencionar a ningún dirigente, aprovechó su noche para reivindicar la aportación de las familias inmigrantes al país. ¿Qué sería del baloncesto estadounidense sin Diana Taurasi? ¿Cuántos casos como el suyo existen en el deporte o en la vida cotidiana de Estados Unidos?

El trabajo detrás del apellido

“Sé que esta historia puede llegar a mucha gente y hacerlo de muchas maneras diferentes. Cuando tus padres lo hacen todo por ti, absolutamente todo… Mis padres lo hicieron todo por mi hermana y por mí. Cambiaron de país. Llegaron a un lugar cuyo idioma no conocían”, señaló Taurasi. Después explicó qué significaba para ella estar presente cada día por la familia: recordaba a su padre subiéndose al coche a las cuatro de la mañana para conducir durante una hora y media hasta la fábrica de chapa metálica en la que trabajaba. Llegaba con tanta antelación para evitar el tráfico que dormía en el aparcamiento antes de comenzar la jornada.

Tras recordar aquella rutina, Taurasi amplió el sentido de su relato: “Mis padres no se limitaron a venir a este país. Vinieron para contribuir, para mejorarlo. Y no importa de dónde vengas. No importa de dónde vengas”. También recurrió a una metáfora para hablar de la desigualdad de oportunidades: “La vida no es justa. Siempre dicen que la vida es como una partida de ajedrez. No, no lo es. No todos recibimos las mismas piezas”. Finalmente, señaló hacia la camiseta que ya colgaba del techo: “Pero no permitas que esas desventajas te derriben porque, como mis padres, que vinieron a este país… mirad ahora su apellido”. El homenaje adquirió así otro significado: el reconocimiento individual a una deportista materializaba también el recorrido de una familia inmigrante.

Argentina dentro de casa

La historia comenzó antes de que Taurasi naciera. Mario llegó a Argentina cuando tenía cinco años, fue futbolista y conoció allí a Liliana, natural de Rosario. Después de casarse y tener a su primera hija, Jessica, la familia valoraba permanecer en el país, pero apareció una oportunidad laboral en California y acabó instalándose en Estados Unidos. Diana nació el 11 de junio de 1982 y creció en Chino, en el condado de San Bernardino. Fuera de casa se formó como una deportista estadounidense; dentro encontró un hogar argentino, un espacio construido con el idioma, la comida y las costumbres que sus padres habían llevado consigo.

“Yo me siento tan argentina como estadounidense. Puedes preguntarles a mis compañeras de selección cómo me comporto cuando estamos en un Juego Olímpico o un Mundial. Pensá que en mi casa se habla castellano, se toma mate, se come facturas, milanesas, empanadas, asado, tripa, pollo al galeto, hablamos todo el día de fútbol… Yo viví casi toda mi vida en Estados Unidos, pero llegaba a mi casa en Los Ángeles y era como llegar a Argentina”, explicó en una entrevista concedida en 2019 a ‘Infobae’. Cuando tenía 12 años regresó a Rosario durante algo más de un año y pasó buena parte de aquel periodo en el Club Atlético Villa Diego, actualmente Club Atlético Talleres Rosario Puerto Belgrano. “Atesoro hermosos recuerdos. Estaba todo el día, desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. La vida de club que aún extraño porque en Estados Unidos no existe. Allí jugaba a todo, al fútbol, al tenis, al hockey…”, recordó.

Estaodunidense de primera generación

Taurasi ya había desarrollado esta parte de su identidad en ‘Just a Kid from Chino’, un artículo escrito por ella y publicado en ‘The Players’ Tribune’ en 2015. “Soy estadounidense de primera generación” y “soy, en gran medida, hija de inmigrantes”, afirmó entonces. En casa hablaban español, veían canales en ese idioma, escuchaban música en castellano y comían principalmente platos italianos y argentinos. Aquella convivencia le enseñó a entender Estados Unidos como “una multitud de culturas coexistiendo al mismo tiempo”, una visión que volvió a aparecer once años después en el discurso pronunciado bajo su camiseta.

El texto también explicaba cómo su estancia en Argentina le permitió observar las dificultades de parte de su familia y comprender mejor las oportunidades que tenía al regresar a California. Su padre se levantaba cada mañana para acudir a la fábrica y su madre encadenaba distintos empleos, desde el cuidado de niños hasta el trabajo en un restaurante. Taurasi tardó años en entender la magnitud de ese esfuerzo, pero lo convirtió en una parte central de su identidad: “Esa es, en pocas palabras, la dualidad de la experiencia del inmigrante estadounidense: la sensación de oportunidad de quien está dentro y la conciencia del privilegio de quien viene de fuera”.