Las autoridades deportivas de Ucrania han dado un paso más en su estrategia institucional al solicitar al Comité Olímpico Internacional que revise el estatus neutral de determinados atletas rusos. No es un movimiento aislado, sino una continuación de una línea de trasladar el conflicto al terreno normativo del deporte. La cuestión va más allá de los nombres propios ya que está en juego es la credibilidad de un concepto que el propio COI ha convertido en eje de su equilibrio: la neutralidad.
El modelo planteado por el COI parte de una premisa compleja: permitir competir a atletas rusos sin símbolos ni representación oficial, siempre que no exista vinculación con el aparato militar ni apoyo explícito a la guerra. Durante los Juegos Olímpicos de París, cuando más picos de tensión parecía que existían de cara a la opinión pública, hubo convivencia y respeto. Sin embargo, el hastío del tiempo comienza a influir en algunas federaciones y deportistas que ven cómo esta invasión rusa continúa.
El desgaste y las ganas de volver a la normalidad comienzan a posarse sobre la balanza entre neutralidad, castigo a Rusia, permisividad… Aunque sobre el papel nada ha cambiado desde el primer día y el criterio parece claro, en la práctica todo parece mucho más difuso. Ucrania está poniendo el foco precisamente ahí… No tanto en el principio, sino en su aplicación. En la distancia entre la norma y su control real.
El COI, entre la presión y el precedente
Cada revisión que se plantee obliga al Comité Olímpico Internacional a moverse en un terreno incómodo. Endurecer los criterios puede abrir la puerta a exclusiones más amplias. Mantenerlos, sin cambios, puede alimentar la percepción de falta de control.
El precedente también pesa. Cada decisión sienta una base para futuras situaciones en las que el deporte se vea atravesado por conflictos políticos. Y ese es un escenario que el movimiento olímpico ha intentado evitar históricamente, sin demasiado éxito. En este caso, hay voces que reflexionan sobre qué sucede con la invasión de Israel hacia sus países, ¿no es comparable a la de Rusia? ¿No debería de estar Israel también vetada? Todo debe medirse muy bien y no dar ningún paso en falso.
Más que deporte
Lo que está ocurriendo no es solo una disputa sobre elegibilidad deportiva o referente a una competición sino que es una extensión del conflicto. El deporte, en este caso, no actúa como terreno neutral, sino como un lugar más donde se disputa el relato. Ucrania busca coherencia entre discurso y aplicación. El COI, equilibrio. Y en medio están los atletas.
La resolución de este tipo de situaciones no suele ser definitiva. Más bien redefine constantemente los límites. Y esa es, probablemente, la mayor dificultad de tratar de dibujar una línea clara que cierre el debate. ¿Será capaz Kirsty Coventry de zanjar dicho debate como ha hecho con el tema del deporte y las mujeres?
