Katie Verderber llegó a los Juegos Paralímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 apenas dos años después de saber que pasaría el resto de su vida en una silla de ruedas. Exabogada militar del Ejército de Estados Unidos, lesionada durante una misión en Afganistán y seleccionada después para el equipo estadounidense de curling en silla de ruedas, su historia no empieza en el hielo, sino en una cama de hospital, en un matrimonio recién iniciado y en una frase que resume el lugar que acabó ocupando el deporte en su vida: “Estoy convencida de que el curling salvó mi matrimonio”.
La lesión venía de 2019, cuando servía como abogada militar en el United States Army y sufrió un daño en la columna durante una misión de asesoramiento. Continuó tres años más en el Ejército pese al dolor y a tres operaciones fallidas, hasta que en 2023, pocos meses después de casarse con Danielle, una cirugía de emergencia no consiguió revertir el deterioro. Una mañana de octubre de ese año no pudo levantarse de la cama; desde el ombligo hacia abajo, su cuerpo había dejado de responder. “Recuerdo estar tumbada en la cama pensando que las cosas acabarían despertando”, contó después. Tras dos semanas en el hospital, el diagnóstico fue definitivo: paraplejia. “Estaba destrozada, devastada, enfadada”, admitió sobre aquellos primeros días.
Afganistán, la lesión medular y el final de una vida anterior
Nacida en una pequeña localidad de Montana, dejó su entorno para estudiar Derecho en Syracuse University College of Law, una decisión que ella misma ha definido como una de las etapas más transformadoras de su vida. Allí encontró el camino hacia el JAG Corps, fue destinada a Fort Hood y acabó desplegada en Kandahar, donde asesoraba a mandos militares en decisiones operativas. Tras lesionarse la espalda en una misión, su movilidad empezó a deteriorarse, pero siguió trabajando como defensora de soldados y llegó a representar a más de 140 clientes. “Puse todo en mis clientes”, resumió años después, “y no en mi salud”.
El golpe físico llegó sobre una vida que ya había conocido otra pérdida. Su padre murió en 2015, antes de que ella se graduara en Syracuse y antes de su despliegue en Afganistán, pero siguió apareciendo como una presencia íntima durante su recuperación y su camino paralímpico. Verderber ha contado que su padre fallecido, Danielle y sus tres hermanos fueron parte de la motivación que la sostuvo cuando la lesión lo cambió todo. “Definitivamente me inspira y sé que está orgulloso”, dijo sobre su padre durante los Juegos, en una semana que describió como emocional y en la que también habló de sus hermanos: “Lo hago por ellos y, con suerte, también puedo inspirarlos”.
Danielle, la naturaleza y el primer refugio antes del curling
En su vuelta a Montana, Verderber tuvo que aprender de nuevo tareas básicas, aceptar ayudas que no quería necesitar y convivir con una rabia que también alcanzaba a quienes intentaban cuidarla. “Recuerdo estar en la cama del hospital, y que me enseñaran a sentarme correctamente y a vestirme, y odiaba a todo el mundo”, reconoció. En ese tramo apareció DREAM Adaptive, una organización de Montana que acerca el deporte al aire libre a personas con discapacidad. Pocos días después de salir del hospital, Verderber ya bajaba sentada por Whitefish Mountain, la misma montaña donde se había casado con Danielle el verano anterior. “Fue cerrar el círculo para Danielle y para mí”, dijo. “Seis meses antes estaba de pie en la cima de la montaña, y ahora bajaba esquiando sentada”.
El vínculo con la naturaleza fue una primera forma de volver a moverse, aunque el peso más complejo estaba dentro de casa. Danielle había pasado de esposa recién casada a cuidadora, sostén emocional y compañera de una persona cuya vida había quedado alterada de golpe. Verderber ha reconocido que el curling no solo le dio una actividad, sino un espacio donde hablar de su discapacidad, su salud mental y su matrimonio con gente que entendía lo que su familia no siempre podía comprender. Con Laura Dwyer, Steve Emt y otros miembros del equipo encontró una comunidad capaz de escucharla, pero también de decirle verdades difíciles: podía desahogarse con ellos, pero también debía escuchar cómo Danielle estaba sufriendo y ser “la pareja que Danielle merecía”.

El curling apareció casi por casualidad
El curling llegó en abril de 2024, casi por accidente. Verderber había viajado a Aspen, Colorado, a una clínica de deportes de invierno para veteranos con intención de esquiar, pero le pidieron elegir una segunda actividad y escogió curling. Aquella mañana, Danielle se encontraba mal por la altura y ella estuvo a punto de quedarse en el hotel. Fue al hielo, lanzó su primera piedra y el recuerdo no tiene nada de épica: “Fue horrible”, dijo. Falló el objetivo por varios pies y, cuando un antiguo entrenador nacional le sugirió que podía entrenar en serio, su primera reacción fue de rechazo. Cuatro meses después recibió la llamada de USA Curling y empezó a decir que sí a concentraciones, viajes y oportunidades que la acercaron a personas que acabarían siendo parte de su recuperación.
Ese equipo se convirtió en una segunda familia. “Conocer al equipo es parte de la razón por la que me enamoré de esto”, explicó Verderber, que encontró en el curling no solo un deporte, sino un entorno sin juicio. También llegó con miedo a contar que era gay y que estaba casada con una mujer, hasta que el grupo lo recibió con naturalidad. “Todavía vivo en un mundo en el que tengo que juzgar a las personas para saber si puedo compartir eso”, dijo. “No siempre es seguro. Y ellos fueron increíbles”. En junio de 2025, cuando esperaba saber si entraría en la lista paralímpica, escribió a Steve Emt para preguntarle si seguirían siendo amigos aunque no hiciera el equipo, porque no sabía qué haría sin ellos. Poco después fue seleccionada como suplente de Team USA para la prueba de curling en silla de ruedas de Milano Cortina 2026, poco más de un año después de lanzar su primera piedra.
En Italia, Verderber pasó la mayor parte de su experiencia paralímpica en el puesto de suplente, pero aun así vivió un momento que sigue viendo cuando tiene un mal día. Entró en un partido contra Letonia después del cuarto end y el pabellón empezó a corear su nombre. “Dos años antes me dijeron que nunca volvería a caminar y ahora estaba en el mayor escenario, en el momento más importante de nuestro deporte, y estaban coreando mi nombre”, recordó. Al volver a casa, retomó su trabajo como abogada civil y puso el foco en Danielle, que había cuidado de la casa, de los perros y de todo lo que quedó en segundo plano mientras ella entrenaba y competía. “Cuando supe que había hecho el equipo le dije que este momento era tanto suyo como mío”, explicó. “Sé que es mi nombre el que van a corear y mi nombre el que está en el uniforme, pero en realidad es un testimonio de ti”.
