Masai Russell, la atleta que aprendió a correr, venderse y competir desde casa
Javier Nieto
mayo 28, 2026

Masai Russell corrió los 100 metros vallas en 12.14 en la Diamond League de Xiamen, una marca que la dejó a solo 0.02 segundos del récord mundial de Tobi Amusan y la convirtió en la segunda mujer más rápida de la historia en la prueba. La actuación llega después de su oro olímpico en París 2024 y confirma que la estadounidense ha pasado de ganar por márgenes mínimos a situarse en el territorio directo del récord mundial. “No sé cuándo llegará el récord mundial, pero cada vez estoy más cerca”, dijo tras su carrera en China.

La marca de Xiamen explica su presente deportivo, pero su figura se entiende mejor si se mira la carrera que ha construido alrededor de la pista. Russell se presenta en su web como atleta, influencer y vlogger, con intereses que cruzan atletismo, belleza, moda, estilo, maquillaje, peinados, viajes y emprendimiento femenino. Su propio relato habla de mostrar “la belleza del atletismo” mediante ropa deportiva, maquillaje, peinados y baile, una forma de acercar la pista a públicos que quizá no llegan al atletismo solo por el cronómetro.

La atleta que llegó a la élite con cámara propia

Russell empezó a construir contenido durante su etapa universitaria, justo cuando las normas de nombre, imagen y semejanza -NIL- cambiaban el negocio del deporte universitario estadounidense. En su ecosistema digital aparecen entrenamientos, rutinas de maquillaje, viajes, moda, colaboraciones y vlogs de competición. También presenta sus acuerdos comerciales como parte de esa identidad, hasta el punto de definirse como la primera atleta universitaria femenina en incorporarse al NIL. Esa presencia encaja con formatos como Athlos, el evento femenino de atletismo impulsado en Nueva York, donde la competición se mezcla con espectáculo, cultura pop, premios elevados y nuevas formas de presentar a las atletas.

La escena descrita por KRNL Magazine en el centro cubierto de entrenamiento de Kentucky resume esa construcción. Russell aparece como una influencer lista para una sesión de fotos, con pestañas, joyas dentales y zapatillas UGG marrones, en el mismo espacio donde se entrena una atleta que ya había batido el récord universitario de 100 metros vallas y el récord de los trials olímpicos de Estados Unidos. Esa convivencia entre estética y rendimiento funciona como un lenguaje propio: Russell se muestra fuerte, rápida, preparada y visible en sus propios términos. También ha vinculado el maquillaje a su confianza competitiva, al explicar que le ayuda a activar una especie de “alter ego” antes de competir.

Familia, escuela y una carrera protegida

Su entrada en el atletismo tuvo un origen familiar. De niña hizo gimnasia y ballet, pero llegó a la pista porque su madre llevó a uno de sus hermanos a una competición y ella quiso probar al ver lo que hacía él. Empezó a correr con ocho o nueve años y ha repetido que el atletismo ha sido el deporte competitivo de toda su vida. Después pasó por Bullis School, en Maryland, donde se graduó en 2018, y por la University of Kentucky, dentro de un sistema estadounidense en el que colegio y universidad son parte central de la formación atlética.

La familia también ayudó a ordenar su carrera fuera de la pista. Su madre, Sharon Russell, es cirujana oral y maxilofacial; su padre, Mark Russell, dirige la consulta médica familiar y fue su primer entrenador de atletismo. En la etapa universitaria, Sharon Russell revisaba posibles contratos NIL para proteger a su hija de cláusulas poco claras o cesiones excesivas de derechos, con apoyo de India Russell-Pena, abogada y familiar de la atleta. Esa cautela aparece también en la forma en que Russell habla del negocio: “Hay dinero en juego, son las carreras de la gente las que están en juego”, dijo. “No quiero tener ningún retroceso por algo que puedo controlar”.

Del margen mínimo al asalto del récord mundial

La evolución deportiva de Russell también tiene una capa mental. En Kentucky compitió en 60 metros vallas, 100 metros vallas, 400 metros vallas y relevos, una variedad que explica su base técnica y competitiva. Después de pasar a la élite absoluta, reconoció que había tenido que superar miedo, dudas y la preocupación por golpear vallas en carrera, un bloqueo que afectó a su consistencia antes de volver a sentirse en control. “Luché con algunas dudas, intentando demostrar a todos quién era, en lugar de actuar desde el lugar de quien sé que soy”, explicó antes de Xiamen. Tras quedarse sin medalla en el Mundial indoor de Glasgow, también resumió ese proceso con una frase de aprendizaje: “Fue solo una prueba para llegar al testimonio”.

El salto quedó confirmado en 2024, cuando ganó los trials olímpicos de Estados Unidos con 12.25 y después se proclamó campeona olímpica en París con 12.33, por una sola centésima sobre la francesa Cyrena Samba-Mayela. En 2025 llevó el récord estadounidense a 12.17 y en Xiamen lo rebajó a 12.14, a dos centésimas del récord mundial. “Me quedé sin medalla, pero supongo que eso era lo que querían ver. Y simplemente llevé ese impulso al aire libre”, señaló sobre la transición que terminó llevándola a su mejor versión. Russell llega así al presente como campeona olímpica, segunda mujer más rápida de siempre y figura que entiende la pista, la cámara y la marca personal como partes conectadas de una misma carrera.