El Real Madrid no es solo uno de los clubes más grandes del fútbol, sino una anomalía dentro del deporte global. Forbes lo situó en 2025 como el club de fútbol más valioso del mundo, con una valoración de 6.750 millones de dólares y como el primero de este deporte en superar los 1.000 millones de dólares de ingresos. A diferencia de las grandes franquicias de la NBA, de la NFL o de buena parte de la élite europea controlada por sociedades, fondos, magnates o grupos multiclub, el club blanco conserva una estructura asociativa en la que sus socios son los propietarios. Esa condición convierte cualquier elección presidencial en algo más que una disputa interna: afecta al gobierno de una de las instituciones deportivas más poderosas que todavía no pertenece a un dueño privado.
En ese escenario aparece Enrique Riquelme, empresario alicantino y presidente de Cox, que ha presentado su candidatura para competir con Florentino Pérez por la presidencia del Real Madrid. La Junta Electoral del club validó su candidatura tras acreditar los requisitos estatutarios, incluido un aval financiero de 193 millones de euros, y abrió la puerta a las primeras elecciones con competencia real en el club desde 2006. Riquelme intenta presentarse como una alternativa generacional, empresarial y de gestión ante un presidente que ha dominado el madridismo institucional desde su regreso al cargo en 2009.
De Cox al Real Madrid
Enrique Riquelme nació en 1989 en Cox, un municipio de la Vega Baja, en Alicante, y procede de una familia vinculada a la construcción, el sector inmobiliario y los servicios. Su trayectoria empresarial se ha desarrollado sobre todo alrededor de Cox Energy, compañía de energías renovables que fundó y preside, dedicada a generación fotovoltaica, comercialización de energía renovable, autoconsumo y, tras su crecimiento corporativo, también a áreas como agua, ingeniería, operación y mantenimiento. La compañía elevó sus ingresos un 62% en 2025, hasta 1.140 millones de euros, y alcanzó un EBITDA récord de 225 millones, según los resultados comunicados por el propio grupo.
La dimensión pública de Riquelme creció con la expansión internacional de Cox y su presencia en mercados como España, Portugal, México, Chile, Colombia y Panamá. En 2025, la empresa dio otro salto de escala al acordar la compra de activos de Iberdrola en México por 4.200 millones de dólares, una operación que incluía 15 plantas con 2,6 GW de capacidad y una cartera renovable de 11,8 GW. La operación encaja con una estrategia de crecimiento por adquisiciones y reforzó la imagen de Riquelme como empresario de movimientos rápidos, financiación compleja y mercados en transformación.
Abengoa y el salto de escala
Abengoa fue la operación que lo sacó definitivamente del ámbito empresarial especializado y lo situó en el centro del tablero económico español. En 2023, Cox se adjudicó los activos productivos de la histórica compañía andaluza con una oferta valorada en 564 millones de euros, que incluía todas las áreas de negocio y el perímetro corporativo, además de compromisos vinculados a liquidez y preservación de empleo. En aquel, ya se le describió como un empresario con “osadía” y “olfato para las relaciones” al analizar su oferta por Abengoa, cuando con 34 años ya había levantado una compañía con presencia internacional y una cartera de proyectos de gran escala.

Ese recorrido ayuda a entender el tipo de candidatura que plantea para el Real Madrid. No llega desde la política deportiva tradicional, sino desde una cultura empresarial de crecimiento, reestructuración y ambición internacional. Su equipo también responde a esa lógica, con perfiles vinculados al mundo jurídico, financiero, industrial e institucional, y con presencia de mujeres en posiciones relevantes. La candidatura intenta proyectar una idea de gestión moderna y profesionalizada, más cercana al lenguaje de empresa que al de una oposición clásica de club.
El reto de llegar a unas elecciones blancas
Presentarse a la presidencia del Real Madrid es una carrera de obstáculos. Los estatutos exigen una antigüedad elevada como socio, nacionalidad española, plena capacidad jurídica y un aval económico calculado sobre el presupuesto del club. Ese filtro ha reducido históricamente las opciones de competencia real y explica que Florentino Pérez haya sido proclamado presidente sin rivales en las últimas convocatorias desde su regreso en 2009.
Riquelme ya había mostrado interés en 2021, pero esta vez ha logrado llegar hasta el final del proceso. Su discurso busca evitar una confrontación directa con Pérez y se apoya en una frase repetida durante su presentación pública: “No es una candidatura en contra de nadie, es a favor del Real Madrid”. También ha pedido a los socios “que no tengan miedo” y defiende un proyecto “serio y profesional” en lo deportivo y en lo social, con la idea de recuperar protagonismo del socio dentro de una entidad que, pese a su tamaño global, sigue perteneciendo formalmente a sus miembros.
La dificultad de su reto es evidente. Pérez llega con el peso de una presidencia marcada por títulos, transformación del Santiago Bernabéu, crecimiento internacional y fortaleza económica. Riquelme, en cambio, intenta abrir una elección después de dos décadas sin competencia real y hacerlo desde una identidad distinta: empresario joven, del sector energético, con operaciones de alto riesgo y una narrativa de renovación. Su candidatura no solo mide el desgaste o la continuidad de Florentino Pérez, sino también hasta qué punto los socios del mayor club asociativo del mundo quieren utilizar una herramienta que en otros gigantes deportivos simplemente no existe: votar directamente al dueño institucional de su club.
