Zandile Ndhlovu tenía 28 años cuando descubrió lo que había bajo la superficie del océano. Ocurrió en Bali, durante un viaje al que llegó en un momento personal difícil y con una relación con el agua marcada por el miedo, la distancia y las historias escuchadas desde niña. “No sabía ni cómo usar un snorkel”, recordaría después. Primero entró en pánico. Luego miró hacia abajo y encontró un mundo que cambió su vida: “Cuando conocí el océano, por fin encontré casa”.
Ocho años después, Ndhlovu es la primera mujer negra instructora de freediving de Sudáfrica y la fundadora de The Black Mermaid Foundation. Su historia no empieza en el mar, sino en Soweto, lejos de la costa, en una infancia donde el agua aparecía más como deseo que como acceso real. Una de sus memorias más vivas es la de Spring Day, cuando los niños salían a la calle con bañadores aunque no hubiera piscina y se lanzaban cubos de agua unos a otros. “Es probablemente uno de los recuerdos más memorables de mi infancia”, contó.
Una infancia lejos del mar y marcada por el miedo
Ndhlovu vio el océano por primera vez alrededor de los 12 años, durante un viaje familiar al Eastern Cape. Lo que encontró no fue una playa entendida como espacio de juego, sino una frontera cargada de advertencias. “Siempre nos decían que había una serpiente en el agua y que te llevaría”, explicó. En su entorno, el mar era un lugar sagrado, vinculado a los ancestros y al peligro, no un territorio para explorar. Si alguien se metía más allá de las rodillas, la pregunta era: “¿Por qué intentas matarte?”.
En Sudáfrica, el apartheid también separó a las comunidades negras de muchos espacios costeros y de las playas consideradas más seguras. Ndhlovu dice que durante años se construyó una narrativa que decía “ese no es tu lugar”. Incluso cuando empezó a moverse en espacios de buceo, la sensación de no pertenecer seguía ahí. “Siempre era la única persona negra en el barco”, recordó, entre comentarios sobre su pelo, trajes que no estaban pensados para su cuerpo y conversaciones que reforzaban esa condición de ser “la otra”.
Bali y el momento en que el océano se volvió hogar
El giro llegó en 2016. Ndhlovu estaba entonces en un momento de ruptura personal, después de un matrimonio tradicional. Necesitaba espacio antes de contar a su familia que aquello no estaba funcionando. Con los ahorros que tenía, pidió a una agencia de viajes que la enviara a cualquier lugar durante dos semanas. El destino fue Bali. Allí se apuntó a una salida de snorkel sin saber realmente qué iba a encontrar. Al saltar al agua, pensó que se ahogaba, aunque sabía nadar. Después llegó la calma. “Recuerdo cómo el sol atravesaba el agua”, contó. El azul, el coral, los peces y aquella vida intensa bajo la superficie le produjeron una mezcla de asombro y pertenencia. “Caí en la maravilla y caí en el asombro”, dijo sobre una experiencia que convirtió el miedo inicial en una forma nueva de mirar el mundo.
Antes, Ndhlovu estudió Bioquímica, trabajó en ventas y pasó por una carrera corporativa que llegó a sentir como una carga. Después se formó en diversidad e inclusión, un ámbito donde encontró herramientas para ayudar a organizaciones a nombrar sus propios problemas. “Encontré lenguaje para ayudar a otras organizaciones a nombrar los retos que estaban enfrentando”, explicó sobre esa etapa.
Tras Bali, empezó a formarse en buceo con botella, pero todavía no pensaba en convertirse en instructora. El cambio definitivo llegó en 2019, durante un curso de freediving en Sodwana con un instructor PADI. Desde la primera sesión en piscina y después en el mar, sintió que ahí había algo más que una práctica deportiva. “Supe que ahí quería estar, que ahí quería crear cambio, crear acceso”, explicó. En 2020 se certificó como instructora de freediving y solo después tomó plena conciencia del significado de ese paso: era la primera mujer negra sudafricana en conseguirlo.
The Black Mermaid Foundation y la misión de abrir el océano
La apnea le dio a Ndhlovu una forma de entender el miedo desde dentro. Lo que más temía terminó convirtiéndose en una de las experiencias más liberadoras de su vida. “Era como si estuvieras volando por el espacio, como si hubieras dejado tu cuerpo”, contó sobre la sensación de flotar en el mar sin esfuerzo. Esa relación con el miedo atraviesa también su manera de vivir. Para Ndhlovu, el freediving enseña a quedarse en el presente y a no salir corriendo cuando aparece la incomodidad. “Vivimos en un mundo que nos dice que, si algo es incómodo, tenemos que parar”, explicó. En la apnea, en cambio, “la única forma de avanzar es tocar ese miedo”. Su consejo a quienes sienten que llegan tarde a una vida distinta resume ese aprendizaje: “Nunca es demasiado tarde, nunca eres demasiado mayor”.
De esa experiencia nació The Black Mermaid Foundation, una organización que trabaja para crear representación diversa en espacios oceánicos. La fundación lleva a niños y niñas de diferentes comunidades a excursiones de snorkel y vincula esas salidas con educación oceánica y conservación. Ndhlovu lo plantea con una frase clara: “La proximidad no equivale a acceso”. La misión de la fundación es romper esa frontera desde la infancia. “Quería cambiar la narrativa”, explicó. También combatir la idea repetida de que las personas negras no nadan o no pertenecen al océano y permitir que los niños construyan otra relación emocional con el agua. “Estas aguas también son tuyas”, ha defendido al hablar del acceso al mar y de la necesidad de no pedir permiso para ocupar esos espacios.
Uno de los recuerdos que mejor explica su trabajo es el de una niña que tenía miedo de meter la cabeza bajo el agua. Primero lo hizo agarrada de su mano durante tres segundos. Luego durante cinco. Cuando debía salir, no salió. Al levantar la cabeza, dijo que estaba mirando una estrella de mar. “Había dejado de temblar”, contó Ndhlovu. Ver cómo sus ojos pasaban del miedo al asombro la hizo llorar. El cambio, para Ndhlovu, también alcanza a las familias. Ha visto a padres sorprendidos al observar a sus hijos bajo el agua y ha escuchado frases como: “Nunca en mi vida pensé que podríamos hacer cosas así”. Por eso su objetivo es ampliar la fundación por la costa de Sudáfrica y después por el continente africano.

