Mousa Al-Taamari, una panadería, kickboxing y el sueño mundialista de Jordania
Javier Nieto
junio 14, 2026

La selección de Jordania llega a su primer Mundial de fútbol con una generación que ya ha cambiado la dimensión del equipo nacional. En esa historia aparece un nombre por encima del resto: Mousa Al-Taamari, extremo del Stade Rennais, conocido por algunos por el sobrenombre de ‘el Messi jordano’. “Los jugadores jordanos se definen por la garra y la determinación”, dijo el futbolista a FIFA, una frase que encaja con el espíritu de ‘Al-Nashama’, el apodo de un equipo asociado a la nobleza, la resistencia y la voluntad de competir hasta el final.

Antes de convertirse en el primer jordano en jugar en la Ligue 1, antes de ser recibido como un héroe en Amán y antes de cargar con parte de las esperanzas de un país en el Mundial, Al-Taamari fue un niño que repartía su vida entre el fútbol de barrio, el colegio y la mezquita. Memorizó el Corán completo, enseñó a otros niños a recitarlo en la mezquita Al Saliheen y llegó a ser conocido como “Sheikh Mousa”, mientras su carrera todavía estaba lejos de Europa y de los grandes estadios. Su camino también tuvo una parada menos luminosa: dejó el fútbol durante dos meses y trabajó en una panadería en Hay Nazzal por necesidad económica, una etapa que explica mejor que cualquier estadística el recorrido de un jugador formado lejos de los centros tradicionales del fútbol mundial.

De Amán al fútbol europeo

Al-Taamari nació en Amán, en una familia marcada por la pasión por el fútbol, y empezó a jugar desde muy pequeño antes de entrar en Shabab Al-Ordon, el club en el que fue subiendo categorías hasta llegar al primer equipo y a la élite jordana con 19 años. “Nací en Amán, la capital, en una familia que ama el fútbol. Siempre me ha gustado el fútbol y empecé a jugar en un club con ocho o nueve años, en Shabab Al-Ordon”, contó en una entrevista con Ligue1.fr, donde también explicó que desde niño soñaba con convertir el fútbol en una carrera y jugar en una de las cinco grandes ligas europeas.

De joven practicó kickboxing por recomendación de su profesor en la mezquita, que le animó a trabajar esa disciplina para mejorar su nivel físico y mental. Al-Taamari explicó en una entrevista que el kickboxing fue el primer deporte que practicó en su juventud, bajo la dirección de Issa Abu Nassar, actual seleccionador nacional de kickboxing, antes de decantarse de forma definitiva por el fútbol. Esa combinación de calle, mezquita, combate y entrenamiento ayuda a entender un perfil competitivo que Jordania ha convertido en una de sus principales armas.

Familia, panadería y una carrera que pudo detenerse

En casa, su futuro no se veía de la misma manera. Su madre le pedía que se concentrara en los estudios, no porque no creyera en él, sino porque veía muy difícil que un niño pudiera construir una carrera profesional desde Jordania. Su padre, en cambio, apostó por su talento y le animó a seguir el camino del fútbol. “Mi madre quería que me concentrara en los estudios. No es que no creyera en mí, simplemente decía que sería difícil hacer realidad mi sueño en Jordania. Pero yo era terco y la desafié; quería ver hasta dónde podía llevarme el fútbol”, explicó Al-Taamari.

La vida, sin embargo, le obligó a detenerse antes de despegar. Al-Taamari llegó a apartarse del fútbol durante dos meses y trabajó en una panadería en Hay Nazzal, en Amán, para poder cubrir sus necesidades. No era una pausa deportiva, sino una decisión de supervivencia en una etapa en la que el sueño profesional aún no garantizaba nada. Ese tramo de su historia, entre turnos de trabajo y entrenamientos, reforzó una ambición que después le llevó a Al-Jazira, a destacar en la AFC Cup y a abrirse una primera puerta europea con APOEL en 2018.

El jugador que no quiso ser el Messi jordano

Chipre fue el primer gran salto. En APOEL, Al-Taamari fue campeón, elegido mejor jugador de la liga chipriota y se convirtió en ídolo de una afición que empezó a llamarle el “Messi jordano”. El apodo cruzó fronteras, pero nunca terminó de encajar con la forma en la que él se entiende como futbolista. “Sé que algunas personas me llaman así, pero no me gusta el apodo”, reconoció, antes de explicar que nació en Chipre, en una etapa en la que el equipo necesitaba resultados y los aficionados encontraron en su entrega, sus goles y su desequilibrio una figura a la que aferrarse.

Después llegaron OH Leuven, Montpellier y Rennes, con Al-Taamari ya convertido en el primer jugador jordano en competir en una de las cinco grandes ligas europeas. En Francia, su velocidad, su regate, su presión y su capacidad para atacar espacios ampliaron su impacto internacional, pero su discurso con la selección siguió lejos de la etiqueta de estrella única. “No hay superestrellas en nuestra selección”, dijo antes de la fase decisiva de la clasificación mundialista, al insistir en que todos los jugadores habían asumido la responsabilidad de hacer feliz a una afición que llenó estadios, plazas y cafés en el camino hacia el Mundial.

La clasificación llegó tras una campaña en la que Al-Taamari fue una de las piezas centrales de Jordania, con siete goles y dos asistencias, y con el equipo dando el paso definitivo después del triunfo por 3-0 ante Omán y la derrota de Irak frente a Corea del Sur. “Es un sueño hecho realidad para cada jugador, entrenador y aficionado. Gracias a Dios, pudimos lograrlo. Sentimos lo feliz y orgullosa que estaba la gente de nosotros, y eso por sí solo hace que merezca la pena cada sacrificio de todos estos años”, afirmó tras la clasificación. El Mundial será ahora la extensión natural de ese recorrido, aunque Al-Taamari ya ha dejado claro que Jordania no quiere limitarse a participar: “Solo clasificarnos para el Mundial ya es un logro histórico, pero no nos detendremos ahí. Nuestros objetivos y ambiciones son ahora mayores: queremos mostrar a Jordania y nuestro fútbol en el escenario mundial”.