Orlando Gill, el portero que provocó la fiesta nacional en Paraguay
Javier Nieto
junio 30, 2026

Paraguay convirtió una victoria en una fiesta nacional. El triunfo ante Alemania en el Mundial, resuelto en la tanda de penaltis tras el 1-1, llevó al presidente Santiago Peña a decretar el 30 de junio como día de celebración en todo el país. Orlando Gill detuvo los lanzamientos de Kai Havertz y Nick Woltemade, Jonathan Tah también falló en la muerte súbita y José Canale marcó el penalti que cerró una noche histórica para la Albirroja.

Gustavo Alfaro dio a la clasificación un marco emocional que explicaba mejor el impacto del resultado. “Siempre les decía que los rivales que teníamos enfrente, con todo el respeto, se habían formado en las mejores academias de Europa. Nosotros, en cambio, venimos de la tierra colorada. Nuestra camiseta lleva los colores de esa tierra donde muchos empezaron jugando descalzos. Venimos del sacrificio de unos padres que hacen todo lo posible para que sus hijos puedan entrenar”, señaló el seleccionador. En esa lectura, Gill apareció como el rostro perfecto de una victoria que hablaba de resistencia, origen y oportunidad.

Gill, desde San Lorenzo hasta la selección

Gill nació el 11 de junio de 2000 en la ciudad paraguaya de San Lorenzo, en el departamento Central. Antes de ser portero empezó como mediocampista, una posición en la que, según relatos de su entorno, se manejaba bien hasta que su crecimiento físico lo fue llevando hacia la portería. Con 1,98 metros, terminó convirtiéndose en guardameta y debutó en Primera División en 2020 con Sportivo San Lorenzo, donde apenas jugó dos partidos antes del descenso del equipo.

El camino posterior tampoco fue rápido. En la Intermedia paraguaya pasó varias temporadas sin consolidarse del todo y con muchos partidos vistos desde el banquillo. El giro llegó a comienzos de 2024, cuando San Lorenzo de Almagro lo fichó desde su homónimo paraguayo. En Argentina empezó en la Reserva, bajo la dirección de Damián Ayude, y debutó en Primera hacia el final de esa temporada. Sus actuaciones le abrieron espacio en el Ciclón y aceleraron una carrera que hasta entonces había avanzado con pocos focos.

Melissa, Lautaro y lo que tuvo que vender

La convocatoria de Alfaro llegó en marzo, después de apenas una decena de partidos en la máxima categoría argentina. Su debut con la selección absoluta se produjo el 6 de septiembre de 2025, en la victoria de Paraguay por 1-0 ante Perú en Lima, por las Eliminatorias Sudamericanas. Aquella noche ya fue especial para la familia. Su esposa, Melissa Ávalos, publicó entonces varias imágenes de su recorrido y escribió: “Un día lo soñamos y hoy lo vivimos”.

Melissa recordó una etapa mucho más difícil, ligada al nacimiento de su hijo Lautaro y a los problemas de salud que afrontó en sus primeros días de vida. “Cuando Lauti nació y no teníamos nada”, contó, antes de explicar que Gill vendía prendas del club donde jugaba para poder solventar los gastos. La historia familiar no quedó en una frase general: hablaba de comida, gastos médicos y objetos personales que fueron saliendo de casa para sostener lo básico.

Entre esas pertenencias estaban ropa del club, botas de fútbol, zapatillas y una camiseta de la selección paraguaya Sub-20 utilizada en el Sudamericano de 2019. Para un futbolista que todavía intentaba abrirse camino, aquella camiseta era un recuerdo importante de su carrera. La necesidad familiar pesó más. “Vendió todo, vendió su camiseta de la selección Sub-20, vendió sus prendas, sus championes, literalmente vendió todo”, escribió Melissa, que cerró su mensaje con una idea sencilla: “Con amor y sacrificio todo se puede”.

Chilavert y una respuesta desde la portería

La actuación ante Alemania también llegó después de una crítica directa de José Luis Chilavert, una voz de enorme peso en Paraguay por su lugar en la historia de la portería nacional. Tras el primer partido del Mundial, el exguardameta cuestionó a Gill al afirmar que “no habla, juega mudo” y que el fútbol es comunicación, especialmente para un arquero. Alfaro recogió el golpe en la previa del cruce con Alemania y respondió que le habría gustado que Chilavert, en lugar de actuar como “un francotirador”, le hubiera llamado para hablar con Orlando. La actuación de Gill fue la mejor respuesta.

Después de la tanda, el portero llevó la victoria a una historia todavía más personal. Gill dedicó la clasificación a un sobrino hospitalizado, al que había prometido que, si le tocaba ser importante, ese momento sería para él. El gesto conectó su noche más visible con una parte íntima de su vida, la misma que ya había aparecido en el relato de Melissa: enfermedad, familia, sacrificio y una carrera sostenida muchas veces lejos del escenario principal.

La fiesta nacional decretada por Paraguay encontró en Gill una historia reconocible para mucha gente. Alfaro cerró la noche con una frase que terminó de marcar el tono de la clasificación: “Entraron 26 guerreros y salieron 26 leyendas”. La sentencia alcanzaba a todo el grupo, aunque en Gill tuvo una imagen especialmente concreta. El portero que había vendido parte de su carrera para comprar comida y cubrir gastos familiares acabó deteniendo dos penaltis a Alemania, dedicando la clasificación a un sobrino hospitalizado y dando a Paraguay una razón para detener el país por un día.