TIME ha incluido a Rayssa Leal en la primera edición de su lista TIME100 Sports, dedicada a las cien personas más influyentes del deporte mundial. La skater brasileña, de 18 años, de World Skate es la única representante de Brasil en una selección que confirma una influencia que ya no se explica solo por sus medallas, sino también por su impacto cultural, generacional y social dentro de un deporte que ha cambiado de escala desde su entrada en el programa olímpico.
Antes de aparecer en una lista global de influencia, Rayssa era una niña de Imperatriz, en Maranhão, que soñaba con tener unas zapatillas buenas para patinar. Sus padres no podían comprárselas y ella usaba las que tenía, aunque estuvieran agujereadas en la suela hasta romper también los calcetines. Años después, esa imagen encontró un cierre simbólico con su colaboración con Nike, las Rayssa Nike SB Dunk Low Pro, unas zapatillas que se agotaron en pocos minutos y que conectaron su presente como icono global con una infancia en la que solo poder patinar ya era suficiente.
La niña que aprendió skate con YouTube y una tabla prestada
Rayssa empezó a patinar con seis años, después de que un amigo de su padre le enseñara un skate. “Cuando lo vi, me enamoré”, recordó en una entrevista, en la que también contó que su primera maniobra fue un ollie aprendido a base de intentos y vídeos en YouTube. Ella veía cómo había que golpear primero con el pie trasero, probaba en las aceras y repetía hasta que la tabla empezó a responder. Cuando le preguntaron si siempre había soñado con ganar grandes campeonatos, contestó con una frase que resume la velocidad de su historia: “No me dio tiempo ni de soñar”.
Su madre, Lilian Leal, explica que Rayssa, desde pequeña, se inclinaba más hacia juegos radicales que hacia juegos tradicionales. No solía coger muñecas salvo que alguien estuviera jugando con ella, ya tenía patines y encontró en el skate una forma natural de moverse. En Imperatriz, además, casi no había escena femenina ni demasiada gente con quien patinar. Rayssa recordaba que al principio solo estaba Sara, una chica de 21 años que fue quien más la animó a aprender maniobras y a seguir viendo vídeos, cuando el camino todavía dependía más de la insistencia que de una estructura deportiva.
Como hada de Peter Pan a competir
El apodo de ‘fadinha do skate’ nació de una casualidad. Era 7 de septiembre, su escuela participaba en un desfile con temática de cuentos infantiles y a Rayssa le tocó ir vestida de Sininho, el hada de ‘Peter Pan’. Ese mismo día había una competición local de skate y, al terminar el desfile, no quiso perder tiempo cambiándose. Pidió sus zapatillas, fue directamente al evento con la fantasía puesta y su madre grabó el heelflip que acertó a la primera.
El vídeo se hizo viral, superó millones de visualizaciones y llegó incluso a Tony Hawk, que lo compartió con sus seguidores. La escena de una niña pequeña, con alas de hada y una tabla bajo los pies, convirtió a Rayssa en una figura reconocible antes de que pudiera entender del todo la exposición que venía con la fama. Pero detrás del momento viral hubo también una familia que tuvo que buscar recursos para sostener los viajes. En 2015, para disputar su primer Campeonato Brasileiro de Skate Street Mirim en Blumenau, en Santa Catarina, recorrieron unos 2.800 kilómetros desde Maranhão, entre rifas, sorteos y una vaquinha online que apenas alcanzó para cubrir parte del camino.
Zapatillas rotas, Nike y dos medallas olímpicas
El salto deportivo llegó pronto y casi sin pausa. Rayssa fue plata en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 con 13 años, bronce en París 2024 y se convirtió en la atleta más joven de la historia en ganar medallas en dos Juegos Olímpicos distintos. También sumó títulos en grandes circuitos internacionales, pero la atención global trajo una presión que no siempre fue fácil de gestionar. Después de Tokio, explicó que no entendía el peso de los Juegos, ni la dimensión de que la gente le pidiera fotos, autógrafos o incluso la medalla en el colegio.
Esa exposición la llevó a apoyarse en terapia para ordenar nervios, comentarios negativos y expectativas. “Creo que fue lo mejor que hice en mi vida, ir a terapia”, dijo en una entrevista con Olympics.com, donde reconoció que siempre sentía mariposas antes de competir aunque desde fuera pareciera tranquila. La fama, las redes sociales y el rendimiento de élite llegaron mientras seguía siendo adolescente, pero el skate también le dio una respuesta para competir y vivir: caerse, intentarlo otra vez y apoyarse en quienes están alrededor.
Hoy, Rayssa también es embajadora de sostenibilidad del Comité Olímpico Internacional -COI-, una función desde la que ha querido usar su imagen para hablar de preservación ambiental. En París, presentó una tabla olímpica decorada con dos guacamayos jacintos, aves nativas de Brasil, como símbolo de la biodiversidad y de la necesidad de proteger la Amazonía y las especies del país. “Tenemos que cuidar el medio ambiente no solo para esta generación, sino también para la próxima. Tenemos que prestar atención, porque la naturaleza es vida”, afirmó. Los Angeles 2028 le esperan para seguir escribiendo su cuento.
